Foreign Moon

Director y guionista: Zhang Zeming. Intérpretes: Chen Hsiao Hsuan, Harrison Liu, Chen Daming, David Tse, Hong Xiang, Jian Rui Chao. 92 min. Adultos.

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Lan Lan, una joven china, viaja a Londres para estudiar música. Se lleva un chasco cuando comprueba que la familia china que la acoge lo hace a condición de que acepte un matrimonio con el primogénito. Ella, decidida a conservar la libertad recién estrenada en Occidente, se establece por su cuenta, aun a costa de renunciar temporalmente a los estudios. Le ayudan Su Tong, un hombre casado, cuya mujer e hijo están retenidos en China, y Deng Lin, un boxeador joven y mujeriego. Con ambos pone en marcha un negocio de comida a domicilio.

Zhang Zeming, cineasta chino residente en Gran Bretaña, centra su historia en los problemas de los emigrantes de su país en Occidente. Sus personajes orientales, bien perfilados, reflejan con fidelidad cómo las personas, fuera de su patria, tienden a reunirse con sus connacionales, con los que no existen barreras idiomáticas, o de mentalidad. Incluso el más adaptado al país, el novio asignado a Lan Lan, desea casarse con una mujer china.

La película, en su inicial tono ligero, casi de comedia, se emparenta con títulos como Comer, beber, amar, del taiwanés Ang Lee. La sorpresa de una boda no prevista, la convivencia obligada de dos hombres y una mujer en un espacio mínimo, la promoción del restaurante, permiten momentos amables, que arrancan la sonrisa. Hay cierto romanticismo en la progresiva atracción amorosa entre Lan Lan y Su Tong; y a la vez una lucha difícil de Su Tong por la fidelidad a su mujer, por no desanimarse ante las trabas que ella y su hijo tienen para acudir a Londres; un esfuerzo que contrasta con los frívolos ligues de Deng Lin.

Mediada la película, el dibujo amable y algo reiterativo de este paisaje lo fuerzan en exceso una serie de trazos fatalistas; algo recurrente en el cine chino. De modo que se pasa al fracaso de la iniciativa empresarial, al replanteamiento de la boda de Lan Lan, al completo fracaso vital de Deng Lin, a la idea del regreso a su país de Su Tong. No sin antes yacer junto a Lan Lan, como un grito de rebelión -grito inútil, pero lo único a su alcance, desde el punto de vista de Zhang Zeming- ante un destino que les niega el amor que sienten el uno por el otro. La fuerza de voluntad, el ejercicio de la libertad, se entienden como fuerzas menores ante el gigantesco peso de las fatales fuerzas externas.

José María Aresté