Fluke

Director y guionista: Carlo Carlei. Intérpretes: Matthew Modine, Nancy Travis, Eric Stoltz, Max Pomeranc. 108 min.

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El reconocimiento internacional que consiguió con su película La huida del inocente (ver servicio 96/96) -candidata en 1994 al Globo de Oro al mejor film en lengua no inglesa-, abrió al italiano Carlo Carlei las puertas de la industria norteamericana, para la que ha rodado Fluke, una película singular que mezcla en rara armonía cine familiar al uso, intriga, romance y melodrama.

El argumento, basado en la novela homónima de James Herbert, narra las aventuras de Fluke, un inteligente cachorro de perro que es acogido por una vagabunda. Cuando ésta muere, Fluke se hará amigo de Rumbo, un divertido chucho callejero que le iniciará en los secretos de la vida perruna. Obsesionado por unos enigmáticos recuerdos humanos, Fluke descubrirá con la ayuda de Rumbo que él es en realidad la reencarnación de Tom (Matthew Modine), un joven ejecutivo que murió en un misterioso accidente de coche tras discutir con su amigo Jeff (Eric Stoltz). Fluke decidirá entonces marchar en busca de los que fueron su mujer (Nancy Travis) y su hijo (Max Pomeranc), con la intención de protegerlos, hacerles ver quién es él y descubrir la oscura trama que se oculta tras su propia muerte.

Carlo Carlei logra sin traumas un tono a la vez mágico y realista, en el que la intriga es el principal recurso narrativo. Su sólida puesta en escena, llena de encuadres subjetivos y sugerentes movimientos de cámara, apunta decididamente hacia ese objetivo, al igual que la matizada fotografía de Raffaele Mertes y la cálida partitura de Carlo Siliotto. Mención aparte merecen el magnífico trabajo de los perros y las cortas pero convincentes interpretaciones de un reparto muy bueno. Así, la acción tiene una creciente progresión dramática, que alcanza la cima cuando la tragedia del perro se integra con la de su antigua familia. Irrumpe entonces con fuerza el melodrama, a través de una singular historia de amor, conyugal y paternal, más allá de la muerte, que recuerda a Ghost, de Jerry Zucker.

La película está impregnada del amable idealismo típico del cine familiar norteamericano de los últimos años. Una vez más, la unidad familiar, la dedicación a los hijos, la amistad, la solidaridad, la ecología y el sentido del trabajo delimitan un ataque frontal contra el materialismo consumista. En cuanto a la reencarnación, algunas secuencias y la resolución abierta de la trama aparentan asumir una mezcla de cristianismo y New Age un tanto superficial. Pero, en términos generales, parece más un simple recurso narrativo a la magia que una verdadera opción religiosa.

Quizá el único incoveniente del film sea precisamente su principal virtud: haber dotado de una gran fuerza melodramática a una historia en apariencia infantil. A pesar de sus numerosos golpes de humor, la película quizá defraude a los más pequeños y exija a los adultos aceptar demasiadas convenciones narrativas para valorarla en toda su amplitud. A mí, desde luego, me ha parecido una película muy estimable.

Jerónimo José Martín