El viento que agita la cebada

TÍTULO ORIGINAL The Wind that Shakes the Barley

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Director: Ken Loach. Guión: Paul Laverty. Intérpretes: Cillian Murphy, Padraic Delaney, Orla Fitzgerald, Liam Cunningham, Roger Allam. 127 min. Adultos. (VS)

Unos campesinos se hacen guerrilleros para combatir a las tropas británicas enviadas a Irlanda para sofocar las aspiraciones independentistas que han tomado fuerza desde el levantamiento de 1916. El protagonista principal es Damien, un estudiante de Medicina que abandona la carrera para empuñar las armas.

Ken Loach, veterano realizador inglés nacido en 1936, obtuvo la Palma de Oro a la mejor película en el pasado Festival de Cannes con esta cinta ambientada en la Irlanda de los años inmediatamente anteriores a la guerra de independencia, que estalló en 1922. En 1990, Loach había ganado el premio especial del jurado en Cannes con “Agenda oculta”, sobre la actuación policial contra el IRA en Irlanda del Norte. En 1995, Loach dirigió “Tierra y libertad”, una cinta sobre las milicias anarquistas en la guerra civil española, su otro tema histórico favorito según propia confesión. Loach no ha ganado nunca un premio BAFTA, los que se conceden al cine del Reino Unido.

Viene bien recordar estos precedentes porque, con ellos a la vista, es más fácil entender que el jurado del festival francés conceda un premio tan importante a una película como “El viento que agita la cebada” (bello título tomado de un poema de Robert Dwyer Joyce, un escritor irlandés del siglo XIX). Se trata de un melodrama notablemente ideologizado, que cuenta lo que ya está bastante contado y lo hace de una manera bastante simplona, visceral y sensiblera, con escasos matices y una visión muy superficial, a ratos verdaderamente panfletaria. Eso sí, los estándares de calidad técnica e interpretativa de la cinta son buenos.

Que el cine de Loach -un marxista de la vieja escuela leninista- es político resulta evidente, tanto en sus películas sobre la “working class” británica, como en sus incursiones en el cine de época. Esta película responde más bien a los cánones del más puro cine de propaganda (Loach tiene en la cabeza lo que él llama el actual imperialismo anglo-norteamericano). En este sentido, sus groseras simplificaciones son herederas directas del cine soviético. Los que percibieron la superficialidad y falta de rigor de “Tierra y libertad” en su risible acercamiento al anarquismo español, encontrarán al mismo Loach, ni mejor, ni peor.

Alberto Fijo