El jucio de los 7 de Chicago

El juicio de los 7 de Chicago

TÍTULO ORIGINAL The Trial of the Chicago 7

PRODUCCIÓN EE.UU. - 2020

DURACIÓN 129 min.

PÚBLICOJóvenes-adultos

PLATAFORMAS

ESTRENO16/10/2020

GÉNEROS,

GUIONISTAS

DIRECTORES

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El juicio de los 7 de Chicago fue un célebre proceso en el que se juzgaron los disturbios entre la policía y un grupo de jóvenes que protestaban contra la guerra de Vietnam en el año 1968.

La idea original de este thriller judicial parte de Steven Spielberg, que pidió al célebre guionista Aaron Sorkin dramatizar una causa que se convirtió en una bandera cultural y política de la izquierda norteamericana. Al final Sorkin terminó escribiendo y dirigiendo un título que significa el pistoletazo de salida de la carrera a los Oscar en un año raro, raro.

Este drama resume lo peor y lo mejor de Sorkin como cineasta. Estamos ante un thriller absorbente, de diálogos ágiles, inteligentes y concentrados y soberbias interpretaciones, especialmente las de Sacha Baron Cohen y Eddie Redmayne. La historia arranca, como es habitual en el cine de Sorkin, con una excesiva condensación de datos, nombres y fechas. Sin embargo, después de ese arranque, a la película le cuesta coger ritmo. Es en su segundo tramo cuando Sorkin se muestra más fino a la hora de ensamblar los tres elementos que constituyen los mimbres de la cinta: la recreación del juicio, la de los hechos y las relaciones entre los acusados. La última media hora se convierte en un potente clímax que concentra toda la emoción que se ha ido negando al espectador hasta ese momento.

Al otro lado de la balanza, nada nuevo. Sorkin escribe guiones como quien escribe discursos políticos, con el mismo afán didáctico y la misma convicción… pero también con la misma falta de equilibrio. A estas alturas, no tiene que dar explicaciones sobre su credo ideológico: simplemente lo plasma en el libreto y en la pantalla. Otra cosa es que la fidelidad a sus ideas termine hiriendo a su cine. En El juicio de los 7 de Chicago hay momentos y personajes –ese juez– de un maniqueísmo algo sonrojante y un afán de establecer paralelismos con la actualidad que, por más que sea real, no deja de ser sospechoso de parcialidad. Y, si a todo esto, le unimos una fecha de estreno a las puertas de una campaña electoral, se cierra el círculo. Pero es Sorkin. Y la película es buena.

Ana Sánchez de la Nieta
@AnaSanchezNieta

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