El destino

TÍTULO ORIGINAL Al-Massir / Le destin

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Director: Youssef Chahine. Guión: Youssef Chahine y Khaled Youssef. Intérpretes: Nour El Cherif, Laila Eloui, Mahmoud Hemeida, Safia El Emary, Khaled El Nabaoui, Abdallah Mahmoud. 135 min. Jóvenes-adultos.

Tras rodar más de 30 películas en Francia y en su propio país, el ya septuagenario cineasta egipcio Youssef Chahine sufrió en 1995 el fanatismo de los grupos fundamentalistas musulmanes, que lograron prohibir la exhibición de su película El emigrante, inspirada en el relato bíblico de José. Dos años después, Chahine se desquitó con El destino, un alegato contra la intolerancia que fue premiado en el Festival de Cannes con la Palma de Oro especial del 50 aniversario.

El guión recrea la azarosa vida del tolerante filósofo musulmán Averroes en la abigarrada Al-Andalus del siglo XII. En lucha permanente con los ejércitos cristianos de la mitad norte de España, el reino andalusí comienza a dividirse entre los partidarios de la convivencia pacífica de musulmanes, cristianos, judíos y gitanos, y los emergentes grupos integristas musulmanes, que intentaban instaurar la ley islámica. Por la presión de estos grupos, en 1194 el Califa Al Mansur ordenó quemar todas las obras de Averroes y lo deportó fuera de Al-Andalus. Sin embargo, varios amigos suyos, algunos cristianos, lograron hacer copias de sus obras y sacarlas fuera del reino.

La película podría haber resultado apasionante por tres motivos: por las fuertes aristas dramáticas de su argumento, por su preciosista resolución visual y musical, y por su enfoque relativamente ponderado, pues ataca el fundamentalismo pero deja a salvo el valor de la religión y subraya sus buenas relaciones con la ciencia y la filosofía. Sin embargo, la puesta en escena de Chahine es a ratos confusa y deslavazada, y más a menudo, académica y un tanto apolillada. Además, en su afán de subrayar la alegría de vivir, obliga a los actores a unas interpretaciones bastante histriónicas, que alejan del espectador los interesantes conflictos dramáticos de los personajes. Se ha perdido así una buena oportunidad de recrear una época apasionante de la historia y de indagar en esa interesante idea de que “el pensamiento tiene alas y nada puede impedir su vuelo”.

Jerónimo José Martín

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