El cielo es real

El cielo es real

TÍTULO ORIGINAL Heaven is for Real

PRODUCCIÓN Estados Unidos - 2014

DURACIÓN 96 min.

PÚBLICOTodos los públicos

ESTRENO20/06/2014

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Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 48/14

Más de 6 millones de ejemplares en 35 idiomas se han vendido del libro El cielo es real, escrito por el pastor metodista estadounidense Todd Burpo y la periodista Lynn Vincent, a partir de las experiencias místicas del pequeño hijo del primero. Y casi 100 millones de dólares lleva recaudados su adaptación fílmica, una de las sorpresas de la temporada, que confirma el auge en todo el mundo del cine de temática religiosa.

En 2003 Todd Burpo era pastor de la iglesia Crossroads Wesleyan en la pequeña localidad de Imperial (Nebraska). Allí vivía con su esposa Sonja y sus dos hijos, Cassie, de seis años, y Colton, de cuatro. En marzo de ese año, Colton estuvo al borde de la muerte durante una operación por apendicitis aguda. Meses después, ya felizmente recuperado, el niño comenzó a hablar con total naturalidad y seguridad sobre la visita al cielo que, según él, había realizado en ese tiempo en el que la vida se le escapaba y sus padres rezaban angustiados pidiendo su curación. Recordó así sus sencillas conversaciones con Jesús, con los ángeles, con su bisabuelo Pop –muerto 30 años antes–, con una hermanita sin nombre a la que su madre perdió en el segundo mes de embarazo… Las espontáneas relevaciones de Colton pusieron a prueba la fe de sus padres y dividieron a la pequeña comunidad en que vivían.

El director Randall Wallace trata con sumo respeto ese fascinante material narrativo, procurando ser muy fiel a los hechos descritos en el libro y, sobre todo, a la apabullante sinceridad de las impactantes revelaciones del pequeño Colton. En general, Wallace logra esos objetivos, generando así unas cuantas escenas de gran intensidad emocional y religiosa, en las que se luce el magnífico reparto, sobre todo Greg Kinnear, el pequeño Connor Corum y el versátil Thomas Haden Church, sobre el que recaen los contrapuntos humorísticos.

Sin embargo, la puesta en escena casi nunca pasa de correcta, resulta un tanto empalagosa en las recreaciones celestiales y, sobre todo, su retrato del pastor Todd Burpo es menos atractivo y profundo que el dibujado en el libro. Quizás para reforzar el dramatismo de la trama, Wallace carga un poco la mano en sus dudas de fe y en sus conflictos interiores, debilitando la solidez de sus convicciones cristianas. Unas convicciones presentadas al directo y sentimental estilo estadounidense, y desde la perspectiva metodista, lo que quizás no guste a los más cerebrales o más entendidos, pues se obvian muchos temas fundamentales.

De todas maneras, a pesar de sus carencias y excesos, la película ofrece respuestas sugerentes sobre el sentido del sufrimiento, la realidad del cielo y el infierno, la providencia divina, el poder de la oración, el cariño familiar… Y, sobre todo, subraya la máxima evangélica: “Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos”.

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