Che: el argentino

Guión: Peter Buchman. Intérpretes: Benicio del Toro, Demián Bichir, Santiago Cabrera, Franka Potente. 125 min. Jóvenes-adultos. (V)

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Es probable que el Che sea el único mito revolucionario del siglo XX que todavía sigue en pie. Los Lenin, Mao, Fidel (a pesar de Oliver Stone) y tantos otros, han caído o han sido púdicamente relegados al olvido. Pero el Che, probablemente a causa de sus fracasos se mantiene y, probablemente, se mantendrá. Al final a nadie le va a importar quién fue ni lo que hizo, sino lo que representa: no la inhumana lucha marxista, sino la lucha por un generoso ideal de justicia, contra cualquier opresor.

Está claro que la mayoría de los millones de compradores de carteles y camisetas con la efigie del Che los compran porque ignoran la historia: lo que importa es el mito. “El Che es una clara imagen del idealismo y la rebelión juvenil, que son valores eternos e intemporales”, ha declarado el director de esta película.

Soderbergh y Benicio del Toro (productor y protagonista del film) han rodado un gigantesco fresco de más de cuatro horas de duración, dividido en dos partes. La primera, Che: el argentino, de la que hablamos ahora, cuenta brevemente el encuentro entre Fidel Castro y Ernesto Guevara en México, los años de lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista, principalmente en la sierra y en la jungla, y la victoria final. El conjunto está salpicado de secuencias en blanco y negro de entrevistas del Che con periodistas norteamericanos, así como de sus intervenciones en la ONU en 1964.

La película tiene la forma de un collage con imágenes de diferentes texturas, formatos y colores. El resultado demuestra inteligencia, pero es muy parcial en su aproximación a la figura del líder revolucionario. Al dedicar la casi totalidad del metraje a la labor oscura del Che en la jungla, se agranda al hombre generoso, amable, preocupado por los suyos, atento a los detalles, que ha sufrido en primera persona antes de convertirse en una leyenda. Las entrevistas y discursos sancionan la imagen de un héroe de leyenda.

El resultado es una película interesante, que se ve bien, que algunos pueden encontrar tediosa por su reiterativa estructura (los guerrilleros patrullan, acampan, y vuelven a patrullar), pero que en conjunto interesa y, por momentos, seduce.

El problema mayor es el contenido. Al filmar una obra histórica, se supone que uno cuenta la verdad. El guión está basado exclusivamente en las memorias del Che, y ello transmite una visión parcial y sin matices. Guevara es un hombre íntegro, idealista, que se entrega sin condiciones a la causa. Además, el éxito no se le sube a la cabeza. Sus enemigos, tanto Batista como los militares, son caricaturas. Los demás cubanos enemigos de Batista apenas se mencionan, en un pasaje complicado para quien no conoce la historia de Cuba. Los hechos más desagradables de la biografía del Che ni siquiera se mencionan.

Todo esto resta valor a la película, digna pero no más que una hagiografía para tomar con una pizca de escepticismo.