Enrique Vila-Matas, una extraña forma de literatura

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Enrique Vila-Matas, durante la rueda de prensa tras la concesión del Premio Nacional de las Letras Españolas. Foto: David Zorrakino / Europa Press

El escritor Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) ha obtenido el Premio Nacional de las Letras Españolas 2026, que concede el Ministerio de Cultura del Gobierno de España. El jurado ha destacado “su influencia decisiva en la narrativa contemporánea, su aportación a la tradición borgiana en lengua española”, así como su originalidad “formal y fidelidad al espíritu metaficcional de Cervantes”.

En la nota de prensa del Ministerio de Cultura, el jurado destaca también que Vila-Matas “encarna de manera magistral los principios medulares de la ficción posmoderna a través de un estilo particular donde las fronteras entre realidad y fabulación se difuminan y entremezclan con absoluta fluidez, construyendo un universo literario que dialoga con la tradición mientras la reinventa”. 

Autor de culto, cosmopolita, minoritario, pero con prestigio internacional (este último año aparecía en las quinielas como aspirante al premio Nobel de Literatura), ha sido traducido a más de treinta idiomas y está considerado como un maestro de muchos escritores europeos e hispanoamericanos que buscan en la literatura otros caminos al margen del realismo y de la ficción más convencional.

Metaliteratura contra el realismo

Sus libros, como ha escrito el propio Vila-Matas, quieren ser una reacción contra el realismo castizo y soporífero, tan presente en la literatura española de los siglos XIX y XX, y reciclado en sus formas más comerciales en el siglo XXI. Él defiende una literatura distinta para un lector distinto. Por eso, rompe a conciencia con la rigidez de los géneros literarios. “Me atrae en estos momentos –escribe Vila-Matas- un género que mezcla la narración con la experiencia y la realidad traída al texto como tal, algo así como el tejido de un tapiz que se dispara en muchas direcciones: materia ficcional, documental, autobiográfico, ensayístico, histórico, epistolar, libresco…”.

Algunos han calificado su literatura como de autoficción, género donde se mezclan –como en algunas obras de Claudio Magris y de W. G. Sebald– el ensayo y la novela, y donde lo metaliterario –la obsesiva presencia de la literatura, sus ingredientes, sus personajes, sus mecanismos, sus autores…– tiene un papel preponderante y definitivo. 

Todo en Vila-Matas es literatura

Sus protagonistas son seres vinculados estrechamente a la literatura, y sus tramas están también íntimamente ligadas a todo lo relacionado con el mundo literario, buscando siempre los aspectos más insólitos y extravagantes dell proceso de creación, como ya hiciera en una de sus primeras obras, Historia abreviada de la literatura portátil (1985), obra clave en su trayectoria y donde ya aparecen muchos rasgos literarios que desarrollará después de forma más coherente.

Vila-Matas tiene el acierto de presentar estas disquisiciones y preocupaciones de manera más bien desenfadada, huyendo de la gravedad ensayística y del sufrimiento kafkiano más ortodoxo, con mucho sentido del humor y con una ironía que convierte en atrayente y contagiosa levedad muchos de sus planteamientos metaliterarios. Esta tendencia hacia la ironía es uno de los rasgos más sobresalientes de sus personajes, que suelen manifestar rasgos delirantes y extravagantes, territorio en el que Vila-Matas se maneja con mucha soltura, como se puede comprobar también en las presentaciones de sus libros, en las entrevistas y en las conferencias que imparte.

Con estos materiales, y apoyándose en unas motivaciones aparentemente lúdicas, analiza este mundo y la realidad, siempre buscando el sentido grotesco, caótico y complejo de la vida. Vila-Matas no encuentra un orden, ni un sentido, ni un Dios, sino una sucesión de momentos y significados absurdos. Es aquí donde se palpa de modo más evidente su pasión por Kafka, escritor fundamental para Vila-Matas por el mundo agobiante que describió de manera fragmentada.

Para el autor catalán, el mundo tampoco tiene sentido y es puro vacío, lo que es compatible con su constante sentido del humor, desternillante en ocasiones por las ocurrencias de los personajes y las tramas desquiciadas. En Vila-Matas, las preocupaciones existenciales de sus protagonistas se convierten en pura literatura. 

Las huellas del vanguardismo

 “En principio no parto de ninguna herencia”, ha escrito sobre sus influencias literarias. Sus lecturas no han sido específicamente españolas. Con humor, ha escrito que “me estoy convirtiendo en un escritor francés de padres mexicanos”, lo que demuestra su experimentalismo y su deliberado alejamiento de la tradición hispánica (en especial, del realismo); también su internacionalismo. Él mismo destaca su afinidad con algunos escritores hispanoamericanos –Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Augusto Monterroso, Bioy Casares, Alejandro Rossi, Sergio Pitol…–, además de ser amigo –y para algunos, maestro– de otros escritores hispanoamericanos contemporáneos como Roberto Bolaño, Juan Villoro, César Aira, Rodrigo Fresán, Alejandro Zambra… 

La crítica destaca que su vanguardismo tiene puntos en común con Ramón Gómez de la Serna, otro escritor al que su afán de originalidad y de experimentalismo le llevó a dinamitar los géneros literarios. Y entre los escritores que aparecen de manera persistente en sus libros hay que destacar, además de Kafka, a Robert Walser –su héroe moral y literario–, Fernando Pessoa, Italo Calvino, James Joyce, Samuel Beckett, Vladimir Nabokov, Valery Larbaud, Witold Gombrowicz, J. D. Salinger… Escritores a los que une una gran pasión, casi enfermiza, por la literatura, y el deseo de transformar las reglas literarias a través de nuevas fórmulas. Vila-Matas habla, también, de “trabajar con la tradición, pero hacerla irreconocible”.

Esta literatura fragmentaria, culta, lúdica, experimental, cercana al ensayo, tiene también sus riesgos, reconocidos por el propio autor. Al principio, la novedad de sus propuestas llamó positivamente la atención, y ahí están el acierto de sus novelas Bartleby y compañía (2000), El mal de Montano (2002) y Doctor Pasavento (2005), donde más a las claras aparece la estética de la autoficción. 

Sin embargo, ya en esas novelas se intuye la posibilidad de que el autor acabe encerrado en un bucle del que ya no tenga fácil cómo salir, encadenado a sus propias teorías literarias y a su singular manera de interpretar el mundo y la literatura, como las posteriores obras publicadas a partir de esta trilogía no han hecho más que confirmar, aunque siempre hay que destacar su originalidad, su sentido del humor y la insólita y sorprendente manera que tiene de acercarse a los hechos literarios que narra.

Una “relativización desquiciada de la realidad”

Enrique Vila-Matas nació en Barcelona en 1948. Estudió periodismo y derecho. Sus inicios están vinculados al cine; fue redactor de la revista Fotogramas y dirigió en 1970 varios cortometrajes. En 1974 se trasladó a vivir a París, episodio que recrea años después en una de sus más divertidas novelas, París no se acaba nunca (2003), centrada en su decisión de convertirse en escritor. 

1985 es un año clave. Publica Historia abreviada de la literatura portátil, su primer intento de mezclar ensayo y ficción radical, libro que inaugura una manera de escribir que será una de las señas de identidad más refrescantes de Vila-Matas. El libro habla de una serie de escritores, a los que el autor denomina “shandys”, que forman una especie de sociedad secreta “con el puro objeto del esparcimiento insolente”. Para Mercedes Monmany, “con este libro curioso y desconcertante, Vila-Matas ha culminado su capacidad de duplicidad e ironía, de equívoco y juego, de relativización desquiciada de la realidad, por medio del doble sentido y de un gran entramado, a manera de logia ocultista y secreta de palabras, contraseñas y hechos sorprendentes en todo momento”.

Una casa para siempre (1988) es otra vuelta de tuerca en el proceso de formación del mundo vila-matiano. Se trata de una colección de relatos que tienen como tema común la búsqueda de la voz personal. 

El viajero más lento (1992, reeditado en 2001), es una colección de ensayos literarios que sirve para conocer mejor a sus escritores favoritos y algunas de sus obsesiones literarias que luego desarrollará en forma de novela. Parecido en sus intenciones es su libro Desde la ciudad nerviosa (2000), donde reúne sus colaboraciones periodísticas para la edición catalana del diario El País, más una serie de ensayos literarios. En 1993 publica una de sus mejores colecciones de relatos, Hijos sin hijos, libro muy kafkiano en la elección de temas y personajes tan gratos a Vila-Matas, seres con azarosas y complicadas vidas que esgrimen una indiferencia oblicua y distante hacia la realidad que les ha tocado vivir. 

Lejos de Veracruz (1995) es una novela sobre el fracaso personal y el refugio en la literatura como irónica solución vital. En Extraña forma de vida (1997), el narrador es un escritor que está preparando una conferencia sobre la relación entre los espías y la literatura, con connotaciones delirantes y enfermizas que Vila-Matas canaliza para reflexionar sobre las peregrinas vidas de los escritores. El viaje vertical (1999), una de sus novelas más aplaudidas, cuenta el epigonal viaje de Federico Mayol, quien en el declinar de su existencia es echado de casa por su mujer el día después de celebrar sus bodas de oro. Mayol se ve forzado a iniciar una nueva vida y para olvidarse de todo emprende un viaje vertical para descubrir un nuevo sentido a su gris existencia, aunque todo se acaba complicando (como suele ser habitual en las novelas de Vila-Matas).

De regreso a la frontera entre novela y ensayo

En el año 2000 hay un importante salto en su estética. Con Bartleby y compañía, vuelve Vila-Matas al mundo que había descrito en Historia abreviada de la literatura portátil, y al territorio fronterizo entre la novela y el ensayo. La investigación literaria tiene que ver con lo que el protagonista llama la Literatura del No, escritores ágrafos que en un momento de sus vidas deciden dejar de escribir como una radical opción literaria. Las anécdotas y citas que rescata Vila-Matas (o inventa, como hace casi siempre), son entretenidas y muy jugosas. 

En 2003 publica un libro aparentemente memorialístico: París no se acaba nunca. Vila-Matas mezcla lo biográfico otra vez con lo ensayístico, pues el libro es la conferencia que prepara el autor sobre sus años de aprendizaje literario en París. Exploradores del abismo (2007) es una nueva colección de relatos con un hilo conductor: un conjunto de personajes que “investigan en la nada y no cesan hasta dar con uno de sus posibles contenidos (…). Todos los personajes acaban siendo exploradores del abismo o, mejor dicho, del contenido de ese abismo”. Todos, como el propio autor, han sufrido una reciente operación y todos se ven como funambulistas bordeando el precipicio fatal. Dietario voluble (2008), su último libro publicado en su editorial de siempre, Anagrama, aparecen los artículos en forma de diario que escribió para el diario El País entre 2005 y 2008, a los que añade algunos episodios de su adolescencia y de sus inicios como escritor.

En 2010 publica en la editorial Seix Barral su novela Dublinesca, que tiene como protagonista a un editor jubilado que intenta superar una aguda crisis personal viajando a Dublín para asistir al Bloomsday, el día en el que transcurre la novela Ulises, de James Joyce. Sus siguientes novelas son Aire de Dylan (2012), en la que un escritor asiste a un congreso en Suiza para disertar sobre el fracaso; Kassel no invita a la lógica (2014); Marc y su contratiempo (2017); Esta bruma insensata (2018), también protagonizada por un escritor frustrado; Montevideo (2022), sobre un escritor que lucha por salir del bloqueo literario en el que está inmerso; y Canon de cámara oscura (2025), la última publicada hasta ahora y que transcurre nuevamente por territorios metaliterarios. 

En todas ellas, Vila-Matas sigue dando vueltas de tuerca a su insólita y personalísima apuesta literaria. Por su novedad y originalidad, destacamos de entre todas estas novelas últimas Kassel no invita a la lógica, que tiene su origen en la participación del autor en el certamen de arte vanguardista Documenta 13, que se celebra en la ciudad alemana de Kassel, donde fue invitado a formar parte de una perfomance que consistía en su presencia todas las mañanas, durante una semana, en un restaurante chino para dedicarse a escribir a la vista del público. Ni que decir tiene que Villa-Matas supo sacarle mucho partido literario a esta surrealista experiencia.

Versión actualizada del artículo publicado el 21-04-2010

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