Extraña forma de vida

Enrique Vila-Matas

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Anagrama. Barcelona (1997). 158 págs. 1.600 ptas.

El narrador de esta breve novela es un desquiciado escritor que está preparando una conferencia que tiene que pronunciar esa misma tarde sobre la relación entre los espías y la literatura. Mientras la escribe a duras penas, sabe que ese día debe dar una solución definitiva a su conflicto sentimental: elegir entre su mujer Carmina, ejemplo de madre y esposa fiel, o la hermana de ésta, Rosita. Él sabe que Rosita estará presente en la conferencia, y la preparación de la misma se convierte en un juego de indirectas, reflexiones, historias con doble sentido…, todo para hacer ver a Rosita que no está dispuesto a abandonar a su mujer.

A la vez, las peripecias cotidianas le asaltan continuamente: las llamadas por teléfono que interrumpen su inspiración, la relación con su extraño hijo, la preparación de la comida, sus incursiones a la calle para espiar a los posibles protagonistas desamparados de su novela… Y lo más importante: la vida de espías que llevan los escritores, que le lleva a reflexionar sobre este rasgo de su carácter, que en algunos antecedentes familiares ha tenido perfiles delirantes y enfermizos; en estos recuerdos se introducen algunos pasajes y expresiones irreverentes con la Eucaristía, pero sin ninguna intención demagógica.

La historia, como se puede apreciar, no tendría mucho interés si no fuera por el brillante estilo, el excelente humor y las peregrinas ocurrencias de un narrador al borde del desquiciamiento. El título de la obra está tomado de un fado de la portuguesa Amalia Rodrigues y resume reiteradamente en la novela cómo los escritores, por más que intenten evitarlo, llevan una extraña forma de vida, como los espías.

Ángel Amador

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