Una propuesta de acción trepidante, con algún giro inesperado, pero el exceso de metraje y tramas previsibles la alejan de los grandes títulos del género.
Más de dos décadas después de “Gladiator”, Ridley Scott vuelve con esta nueva entrega, en la que consigue no repetirse y, en algunos aspectos, superarse.
Los dos policías rebeldes Mike Lowrey y Marcus Burnet se ven envueltos en una nueva trama de corrupción en esta película predecible, aunque entretenida.
Una muy entretenida película de acción protagonizada por Jason Statham, que interpreta su personaje favorito, el duro justiciero que va por libre. Previsible, increíble y divertida.