Aunque no sea fácil definir el bien como concepto, la razón individual y las diferentes culturas son capaces de reconocer los comportamientos virtuosos, más creativos que sus opuestos.
La poliédrica obra del filósofo italiano denuncia la “biopolítica”, que lleva a un dominio aplastante del gobierno y de la economía sobre una soberanía popular vaciada de todo sentido.
El consumismo tiene mala fama en la teoría, pero se ha impuesto en la práctica, incluso entre sus críticos. La virtud contraria no es la simple austeridad, sino la sobriedad: ser dueño de uno mismo.