Un informe de la OCDE, que cruza datos académicos y distintas características de los profesores y las escuelas, ofrece pistas valiosas para mejorar la enseñanza.
Cada vez más sectores de negocio se pasan al modelo de la suscripción en vez de la venta. Existen ventajas para empresas y clientes, pero también riesgos.
Algunas empresas buscan fórmulas para evitar que las suscripciones provoquen un patrón de consumo compulsivo, y su correspondiente huella medioambiental.
Cuando se pregunta a los implicados –padres, alumnos, profesores–, la mayoría subraya que la asignatura también inculca responsabilidad cívica y social.
El sector sostiene que el proyecto penaliza la iniciativa social, consolida la desigualdad educativa y merma la capacidad de elección de todas las familias.
La estimulación educativa temprana por parte de los padres ya no es exclusiva de las clases acomodadas y puede reducir la desventaja de los niños de familias pobres.
Varias iniciativas recomiendan ofrecer clases particulares o en pequeños grupos para los alumnos que se hayan quedado más atrás durante el parón educativo.
La red social de microvídeos engancha a niños y jóvenes porque ofrece una comunidad de “amigos” caracterizada por la ligereza, el cambio constante y la posibilidad de volverse viral sin ser una “celebrity”.
Si los estudiantes de centros concertados salen más baratos al Estado que los de centros públicos es, sobre todo, por la existencia de políticas injustas que perjudican a sus profesores.
Aunque aún no hay datos que permitan sacar conclusiones definitivas, lo ocurrido en algunos países que han abierto sus colegios indica el camino que seguir… y los riesgos que evitar.
Un reciente informe sobre el consumo de noticias relaciona el recelo a la veracidad de los medios con la polarización ideológica y la preferencia por las redes sociales como fuente de información.