La nueva ley tendrá poca incidencia en la práctica del aborto, pero autoriza a los poderes públicos a implantar una idea particular de la sexualidad en la enseñanza y la sanidad.
“Para satisfacer la necesidad individualista de autonomía y de libertad de algunos, se reduciría la necesidad de fraternidad de muchos”, advierten unos paliativistas franceses.