¿Y si en vez de “mujer” digo…?

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Duración lectura: 9m. 6s.
Borrado de las mujeres

A principios de mayo, en el Senado de los Estados Unidos se presentó el Women’s Health Protection Act of 2022, un proyecto de ley liderado por los demócratas, que pretendía regularizar el aborto. Exceptuando el título, hay una ausencia que llama la atención a lo largo de todo el documento: el término “mujer”. En este caso, su falta podría interpretarse como un recurso para no criminalizar a la mujer, pero esta progresiva ausencia del término en la esfera pública por miedo a la ofensa de minorías podría entenderse también como un progresivo “borrado” de la mujer.

“Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”, dijo el filósofo Ludwig Wittgenstein. ¿Y qué sucede cuando en el lenguaje se limitan, incluso se eliminan ciertas palabras? ¿Se elimina también eso que describen en el mundo?

El ejemplo del proyecto de ley estadounidense no es el único caso en el que la palabra “mujer” ha sido sustituida por un aparente sinónimo. En la propuesta para los presupuestos de la administración Biden, las madres han sido descritas como “personas gestantes” y en el proyecto de ley que se aprobó el pasado mayo en la Cámara de Diputados de Chile y que busca fomentar y garantizar los derechos de las “personas menstruantes” de acceder a productos de “gestión menstrual”, ha sido empleada esta terminología por respeto a las personas no binarias y hombres trans que también menstrúan. Otra discriminación que pretende subsanar este tipo de vocabulario es la de las mujeres con menopausia, que podrían sentirse discriminadas al emplear el término global de “mujer”.

Este lenguaje, sin embargo, no está siendo empleado exclusivamente en legislaciones y documentos oficiales, sino también en programas de televisión, en discursos en el Capitolio e incluso en visitas al médico. Alexandria Ocasio-Cortez empleó la expresión “cuerpo de persona menstruante” –menstruating person’s body– en una entrevista con Anderson Cooper en la CNN. La novelista Patricia Posner escuchó, en una revisión de su cáncer de mama, que el pronóstico de su “cáncer de tórax” era favorable. “¿Cáncer de tórax?”, preguntó. “Procuramos que nadie se sienta incómodo”, le contestó la enfermera. Incluso hay hospitales en los que, en vez de decir leche materna, prefieren emplear el término “leche humana”.

Según Abigail Shrier, periodista y autora de Un daño irreversible, en la esfera pública “hemos permitido que las mujeres se conviertan en ‘menstruadoras’, o ‘personas con vulvas’ o ‘sangradoras’, aunque no creamos que estos sean rasgos característicos de la feminidad. Creemos que las mujeres y las madres son mucho más”. Entonces, ¿de dónde proviene este viraje?

Tal y como se pregunta Posner en el Wall Street Journal, ¿desde cuándo el término  “mujer” se ha convertido en una palabra “sucia”?

La pregunta de todas las preguntas

Para Marcela Lagarde, antropóloga, investigadora y activista feminista mexicana, todo comenzó hace 30 años con la aparición del transactivismo y la consiguiente ruptura que provocó dentro del feminismo. Como explica Nuria Varela en Feminismo 4.0: la cuarta ola, bajo el término de posfeminismo se agrupan “una serie de trabajos que asumen una postura crítica ante los movimientos feministas anteriores, al tiempo que reivindican la diversidad de identidades (y la libertad para elegirlas), más allá de la heterosexualidad y el binarismo sexo-género”. Es decir, agrupa todas aquellas opiniones que critican al feminismo anterior por “blanco, de clase media, académico y elitista”. Todas las corrientes que se cobijan bajo su ala tienen algo en común: promueven revisar el sujeto del feminismo que conlleva una revisión del propio concepto de mujer. Y en verdad, ¿qué es ser mujer?

Es difícil aceptar una teoría como feminista si elimina la categoría “mujer”

Para Juana Gallego, profesora de periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona y articulista experta en género y comunicación, “mujer es la hembra humana adulta o persona adulta de sexo hembra. Esto es lo que ha definido ser mujer a lo largo de la historia de la humanidad”. En conversación con Aceprensa, Gallego comenta que si en el concepto “mujer” no entran solo personas que tienen la fisiología de hembra con aparato reproductor gestante (vagina, útero, ovarios, trompas de Falopio, etc.) y con  capacidad para gestar y parir, “si en el concepto de ‘mujer’ entra cualquier tipo de cuerpo, incluidos aquellos que tienen aparato reproductor fecundante (pene, testículos, próstata), está claro que ya ‘mujer’ no se refiere sólo a las hembras biológicas, sino a cualquiera que se autoidentifique como tal”. Para Gallego, este cambio se propone eliminar cualquier tipo de referencia específica a lo que tradicionalmente ha sido el cuerpo de la mujer. “El objetivo es borrar el hecho de que somos cuerpos biológicamente machos o hembras”.

¿Y los problemas con origen en el sexo?

Según nos comenta Gallego, parte del movimiento feminista se opone a este neolenguaje, porque borra la experiencia propia de lo que es ser mujer, en la que se incluye la opresión y la desigualdad que ha sufrido el sexo femenino. Sin embargo, para la teoría queer, lo opresivo es que el sexo esté concebido como binario, es decir, hombre-mujer. Esta teoría ha adoptado el género, no como una categoría de análisis e interpretación de la cultura, sino como una categoría de identidad.

Las críticas dentro de algunos sectores del feminismo a la teoría queer son varias y variadas. Para Ángeles Álvarez, exdiputada del PSOE en el Congreso español, “el sexo es una realidad que no atenta contra ningún derecho. Es el género, cuando construye la jerarquía sexual, lo que atenta contra los derechos de las mujeres”. Alicia Miyares, filósofa y escritora feminista, afirma que es difícil aceptar una teoría como feminista si elimina la categoría “mujer”. “Las mujeres ya no somos mujeres, somos cuerpos gestantes… Según quién nos nombre actualmente”, dice.

Gallego aclara que las mujeres han sido apartadas del espacio público, y en muchos países aún lo son, por su sexo, no por el género cultural. “Las niñas son mutiladas genitalmente por su sexo; son casadas en la infancia por su sexo; son obligadas a tapar sus rostros por su sexo; se les impide estudiar por su sexo. Por tanto, si eliminamos el sexo biológico, ¿cómo vamos a poder analizar la desigualdad?” Según apunta, borrar el concepto mujer “significa menospreciar la experiencia de la mitad de la humanidad, volverla irrelevante”.

Entonces, el hombre es…

Este deseo de subsanar la ofensa y corregir la discriminación, sin embargo, no es igual de fuerte con respecto al término “hombre”. Según nos comenta Gallego, esto se debe a que “es un movimiento tremendamente reaccionario que se está cebando solo con las mujeres”. Un ejemplo es el Sistema Nacional de Salud británico (NHS). Hasta hace un año, la información facilitada por la NHS sobre el cáncer de cuello uterino exponía que “el cáncer de cuello uterino se desarrolla en el cuello uterino de una mujer. Afecta principalmente a mujeres sexualmente activas de entre 30 y 45 años”. En la explicación actual cualquier referencia a la mujer ha sido eliminada. Lo mismo sucede con la información facilitada actualmente sobre el cáncer de ovario: “Cualquier persona con ovarios puede tener cáncer de ovario, pero afecta principalmente a las mayores de 50 años”. Ni una vez aparece referenciada la palabra “mujer” en estas dos páginas informativas. Ni una.

“Si no se puede definir lo que es una mujer, ¿cómo se pueden defender los derechos de las mujeres?” (Juana Gallego)

Sin embargo, en la página sobre el cáncer de testículos la palabra “hombre” aparece 14 veces. Aunque se trate de un mero ejemplo, resulta poco menos que llamativo que las páginas sobre la salud de los hombres no se hayan editado de la misma forma que las de las mujeres. A quienes buscan información sobre el cáncer de próstata se les informa que “la mayoría de los casos se desarrollan en hombres de 50 años o más”. En cambio, “cualquier persona con ovarios puede tener cáncer de ovario. Esto incluye mujeres, hombres trans, personas no binarias y personas intersexuales con ovarios”.

El temor de Gallego y de otras voces feministas es que este movimiento de eliminación del sexo biológico boicotee la lucha de las mujeres, al difuminar quiénes son. “Si no se puede definir lo que es una mujer, ¿cómo se pueden defender los derechos de las mujeres? ¿En base a qué?”

La esfera privada vs. la esfera pública

Para que la democracia funcione, para que un público diverso pueda comunicarse y trabajar en conjunto, opina Shrier, “debemos hablar en términos objetivos a los que todos tengamos acceso. Debemos esforzarnos por lograr la precisión para que podamos reconocer claramente los problemas que hay en juego”. Según comenta, “esto no sugiere, por supuesto, que no debamos tratar a las personas transgénero con amabilidad. Al contrario: es inconcebible no hacerlo. Por supuesto, debemos referirnos a las personas como prefieran en privado o en comunicación directa con ellas”.  Pero en la esfera pública debemos ser rigurosos con la verdad. “No por insensibilidad a los sentimientos de los demás, sino para adherirse a la realidad objetiva y para proteger los derechos de las mujeres que se están escapando”. O como explica Juan Soto Ivars en su Trinchera Cultural, “una cosa es entender que hay gente con disforia de género. Otra, trivializar por completo la evidencia de sexo en aras de la inclusión”.

Y si la inclusión es la premisa de la que parten estas nuevas denominaciones, ¿cómo se defiende, mediante esta lógica, que un informe subvencionado por el gobierno británico recomiende que el Servicio Nacional de Salud emplee términos inclusivos como body feeding en vez de breast feeding, además de recomendar que las personas no binarias den a luz en sus hogares o en lugares aislados para así evitar el encuentro en la planta de maternidad con mujeres embarazadas o que acaban de dar a luz? ¿Cómo se llega a plantearle a una mujer con cáncer de mama que tiene “cáncer de tórax”, tal y como le dijeron a Posner, “para no hacer sentir a nadie incómodo”?

¿Desde cuándo aquello que describe la realidad de una mujer se ha convertido en algo discriminatorio que debe ser eliminado?

Helena Farré Vallejo
@hfarrevallejo

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