Una vida a lo grande

Downsizing

Página 1

Director: Alexander Payne

Guion: Alexander Payne, Jim Taylor.
Intérpretes: Matt Damon, Christoph Waltz, Kristen Wiig, Hong Chau, Jason Sudeikis, Neil Patrick Harris, Niecy Nash, Margo Martindale.
140 min.
Jóvenes. (DX)
Estreno: 22-12-2017.

Original y sugerente parábola de anticipación al futuro que puede aguardar a una humanidad demasiado narcisista. El director, Alexander Payne, vuelve a trabajar en el guion con Jim Taylor; ambos firmaron antes los libretos de Election, A propósito de Schmidt y Entre copas.

Un colosal logro científico –la posibilidad de reducir el tamaño de las personas– podría cambiar el mundo, detener el cambio climático, frenar el consumo y lograr una distribución más equitativa de las riquezas que, a partir de ahora, serían más abundantes. Pero, aunque las personas disminuyan de estatura, su ego sigue siendo descomunal.

La narración ofrece el punto de vista de Paul, que se identifica con el del espectador –el papel le va al pelo a Matt Damon, con su pinta de buen chico despistado, un boy scout–, y va por tanto del estupor al conocimiento, y pasa por el acostumbramiento a una nueva situación que exige al final –el tamaño no importa– buscar el bien del prójimo como condición imprescindible para ser feliz. Y todo arranca de un modo muy atractivo y ágil, con la presentación del descubrimiento y su progresiva implantación social. La tendencia a convertirlo todo en moda pasajera, o la tentación de anhelar una vida ociosa y vacía, se pintan con habilidad. La crítica social es mordaz, también en lo referente a la fragilidad de algunos vínculos matrimoniales.

Existe un problema de cambio de tono en varios momentos. Payne se arriesga y no acaba de lograr que todo cuadre. Pero se agradece su audacia, que le lleva a evitar simplismos. Los avances científicos más vanguardistas se pueden usar para oprimir a las personas; los cínicos y los aprovechados existen en todas partes, y pese a todo tienen su corazoncito –Christoph Waltz y Udo Kier, pillos contrabandistas serbios–; y aunque está bien aspirar al ideal de una sociedad perfecta, hay que mirar las utopías con sano escepticismo, que no cinismo.

En tal sentido, la introducción del atractivo personaje de la activista vietnamita Ngoc Lan Tran –la desconocida Hong Chau borda su papel– es un hallazgo, que supone todo un revulsivo en la vida del mediocre Paul, quien empieza a saborear la satisfacción de ayudar a los demás desinteresadamente. La puesta en escena se beneficia de unos muy buenos efectos visuales para mostrar a seres diminutos en el mundo de las personas normales.


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