En Los Ángeles de 2029, el Tribunal Capital Mercy, dirigido por una implacable IA, es la institución responsable de juzgar a las personas altamente sospechosas de haber cometido un asesinato. Si en noventa minutos no demuestran su inocencia, son ejecutadas automáticamente. Este expeditivo método para acabar con los criminales cuenta con el firme apoyo del detective Chris Raven. Sin embargo, cuando él es acusado de haber asesinado a su mujer y se sienta ante la juez artificial Maddox, su convicción empieza a resquebrajarse.
Con un ritmo prácticamente en tiempo real –cada minuto que pasa en la película es un minuto menos para el protagonista–, Sin piedad no concede apenas respiro al espectador. Desde el arranque se ponen todas las cartas sobre la mesa y lo único que puede hacer Raven es escarbar contrarreloj en los archivos digitales que la propia IA le facilita. El resultado es un thriller adrenalínico que consigue mantenernos pegados a la butaca.
Timur Bekmambetov, junto a su equipo de guionistas, construye una historia ingeniosa con giros que funcionan, aunque en algunos momentos resulten previsibles. No obstante, la escalada final hacia el caos, unida a algunas decisiones poco verosímiles, acaba empujando la acción hacia un terreno excesivamente cercano al absurdo.
En este sentido, la película distrae tanto en la forma que apenas deja espacio para pensar en el fondo; por ejemplo, en alguna reflexión –solo esbozada– sobre qué es lo que nos hace verdaderamente humanos, en la estela de Blade Runner.
Aunque se queda lejos de Minority Report, de temática similar, resulta muy entretenida y cumple con lo que promete, aunque lo haga quedándose un poco corta.
Jaume Figa Vaello
@jaumefv