Minority Report

Director: Steven Spielberg. Guión: Scott Frank y Jon Cohen. Intérpretes: Tom Cruise, Colin Farrell, Samantha Morton, Max Von Sydow. Lois Smith. 144 min. Jóvenes-adultos.

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En Minority Report, Steven Spielberg da continuidad de algún modo a Encuentros en la tercera fase y A.I. Inteligencia artificial, sus anteriores incursiones en la ciencia-ficción metafísica. Aquí se basa en un relato de Philip K. Dick, autor también del cuento que inspiró Blade Runner, la emblemática película de Ridley Scott.

Washington, 2054. John Anderton es el mejor agente de la Unidad de Pre-Crimen, un departamento policial de carácter privado, pero autorizado a detener a los criminales justo antes de que cometan sus delitos. Tal cosa es posible gracias a los vaticinios mentales -legalizados por dos jueces- de los Pre-cogs, dos hombres y una mujer con poderes paranormales que son mantenidos en estado casi vegetativo en un lugar llamado El Templo. El gobierno se plantea extender a todo Estados Unidos la jurisdicción de la unidad. Pero justo en ese momento, las premoniciones implican a John Anderton en un asesinato.

Aunque incluye alguna situación artificiosa y su desenlace resulta desvaído, Minority Report es mucho más fluida y redonda que A.I. Inteligencia artificial. Con este film comparte un tono duro y cortante, desagradable en un par de apuntes sexuales. Se ve que a Spielberg se le ha endurecido la mirada, quizá por influencia de Kubrick. En cualquier caso, la película tiene una factura sobresaliente, delimitada por una apabullante puesta en escena -plagada de homenajes fílmicos-, un montaje siempre a tono con la acción, una ambientación esmerada y sugestiva, una matizada fotografía panorámica a cargo de Janusz Kaminski, una sensacional banda sonora del maestro John Williams y unas interpretaciones casi sin fisuras.

De este modo, Spielberg involucra al espectador en su exaltación de la libertad frente a la predestinación y el fatalismo. En ella incluye inquietantes reflexiones sobre la ley, el crimen y el castigo; sobre las amenazas modernas a la dignidad humana; sobre la sustitución de la religión auténtica por los peligrosos sucedáneos de la ciencia -“La ciencia nos ha robado a Dios”, se dice-; y sobre la pérdida de autonomía y privacidad que conlleva el ansia de seguridad. Reflexiones, en fin, de gran hondura antropológica y moral, que sitúan a este thriller futurista entre las mejores obras de Spielberg.

Jerónimo José Martín

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