Ralph rompe Internet

PÚBLICOTodos los públicos

ESTRENO05/12/2018

Divertida. Ingeniosa. Imaginativa. Atrevida. Adjetivos que perfectamente se aplican a Ralph rompe Internet. Desde que Pixar, con la fantástica Toy Story 2, demostró que se podían hacer muy buenas segundas partes, muchos se han subido a este carro. También Disney. Hacer una secuela ya no es hacer un calco de la primera, pero cambiando el entorno (paradigma de esto podría ser, por ejemplo, Solo en casa 2: “revéanlas”, si no se acuerdan). Es aprovechar a los personajes para presentar otros nuevos e inventarse una historia totalmente distinta que, incluso, prácticamente funciona con independencia de su predecesora. Y se agradece ver una película así: la secuela de ¡Rompe Ralph! lo es.

Ralph y Vanellope von Schweetz viven tranquilamente en la sala recreativa. Pero ella, a diferencia de Ralph, que está muy bien como está, quiere más aventuras. Un día, el volante que sirve para manejar Sugar Rush, el videojuego de Vanellope, se rompe. Al ser un “juguete” de coleccionista, solo se vende uno, por eBay, demasiado caro para el propietario de la sala de juegos. Entonces nuestros protagonistas deciden aprovechar la conexión wifi para viajar por Internet y conseguir el volante, antes de que Sugar Rush sea retirado de la sala.

Rich Moore y Phil Johnson dirigen con mucha solidez Ralph rompe Internet, y gracias a un buen guion, lleno de diálogos con chispa, la convierten en una película muy ambiciosa. En primer lugar porque consiguen crear unos personajes que se hacen querer, como en la anterior entrega, y también porque es una historia que cuenta muchas cosas, sin que por ello resulte pesada. Además, profundiza en algo que se ha convertido en una marca de la casa Disney-Pixar: la virtud de la amistad, con todo lo que ella implica.

Así, aunque pueda faltarle sutileza, por demasiado evidente, es una crítica, a veces despiadada, al uso que le podemos dar a la “gran red”. No es un mensaje maniqueo –también toca las bondades que nos da internet–, pero quizás por esto es una película más madura que la predecesora y los más pequeños se pueden perder en algún punto de la trama. Por otro lado, diría que por primera vez, Disney hace una autocrítica –también por los tiempos que corren– a sus mundos posiblemente demasiado dulzones y fáciles.

Todo ello no quita que sea una película muy divertida, con presencia de las grandes marcas de Internet –no podía ser de otro modo–, sin que sepa a “product placement” barato. De hecho, los buenos gags, a menudo vienen precisamente de ahí y de los descubrimientos que hacen los dos protagonistas.

Técnicamente, es muy sobresaliente. Desde la marcada y simpática diferencia entre los personajes de 8 bits y los demás, hasta las carreras de coches, que nada tienen de envidiar a la reciente Ready Player One.

Jaume Figa i Vaello
@jaumefv

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