No me bailes en TikTok, convénceme: los jóvenes pasan de los políticos, no de la política

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Política jóvenes

Al presidente del gobierno de España le gustan Rosalía y Taylor Swift, quiso ser jugador de baloncesto y fue delegado de clase un año que nadie quiso ocupar el puesto. Todo eso hemos aprendido durante su entrevista en el podcast de La Pija y la Quinqui.

¿No sabes quiénes son? No te preocupes: a Sánchez también tuvieron que explicárselo sus asesores cuando recibió la invitación al programa a través de un tuit. Carlos Peguer (la pija) y María de los Ángeles Maturana (la quinqui) son dos jóvenes de 24 años que tienen un podcast que triunfa entre el público más joven.

No es solo un experimento de redes sociales con cierto arrastre. Aunque, a primera vista, no parece tener más que una cocina como plató y un par de micros frente a los que se sitúan dos chavales con cara de adolescente, estamos hablando de la plataforma en la que Rosalía decidió promocionar su disco de Motomami.

La Pija y la Quinqui ha conseguido arrasar con un estilo que combina naturalidad y cercanía con preguntas que consiguen sacar a la luz el lado más humano del entrevistado.

Y justo esa es la razón por la que Pedro Sánchez ha acudido al podcast en el último tramo del tour por los medios de comunicación que está manteniendo en esta campaña electoral. Ha sido una entrevista alejada de polémicas políticas, fresca, natural y que se disfruta con momentos de auténtica carcajada.

Pedro Sánchez en el podcast de La Pija y la Quinqui

Es más difícil saber si ha conseguido el objetivo último de este paso tan medido: atraer el codiciado voto joven. Porque es aquí donde está el quid de la cuestión. Todas las formaciones políticas están luchando por ganarse la confianza del segmento de población que menos vota, que más cambia su decisión electoral y que más tarda en decidir su papeleta.

Esos rasgos convierten el voto joven en un factor que puede decidir unas elecciones y, por tanto, en el botín con el que se están intentando hacer todos los políticos.

La supuesta desmovilización de los jóvenes: su política está fuera

De la generación más joven se dice que está desmovilizada y que no tiene interés por la política, pero esto no es del todo cierto. Detrás de la abstención de los jóvenes –de alrededor del 17% en las franjas de 18 a 34 años, cuando la media es del 12,7%, según los datos del CIS de las últimas generales– no hay desinterés por la política, sino todo lo contrario.

Los políticos buscan cómo conectar con un electorado joven que no vota, no por desinterés, sino porque no entiende las instituciones como espacio útil para hacer política

Los jóvenes están muy movilizados en otros espacios que quedan fuera de las instituciones, según explica a Aceprensa el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense y experto en democracia y tecnología, Rafael Rubio. “En la abstención está la idea de que ningún partido es suficientemente alternativo y novedoso”, señala.

Coincide con su diagnóstico Elsa Arnaiz, presidenta y directora general de Talento para el Futuro, el primer lobby español que trabaja para que la voz de la juventud esté representada en los procesos de toma de decisiones.

Los jóvenes están muy implicados con la política, pero sus vías de acción tienen más que ver con la visibilización y la protesta, y buscan un impacto directo.

“Es micropolítica, más local y que ellos perciben más útil”, añade Rubio.

Cuando una joven habla de salud mental en TikTok, está haciendo política. Cuando un grupo universitario intenta boicotear una ponencia o a una empresa, está haciendo política. Cuando un grupo de jóvenes ataca una obra de arte para llamar la atención sobre la emergencia climática, está haciendo política.

Por lo menos, desde su punto de vista. Es decir, están movilizados, pero están movilizados contra las instituciones, por lo que participar de ellas no es considerado como una herramienta útil.

Sin embargo, para Arnaiz, esto es un problema porque los verdaderos cambios, a excepción de algún fenómeno global poco común como el #MeToo, no se consiguen desde estas vías. O no solo.

Causas de la desafección

El alejamiento de las instituciones se debe a una falta de confianza en su capacidad real de resolver los problemas a los que se enfrenta la ciudadanía.

La desafección tiene que ver, por un lado, con procesos de globalización que han alejado los puntos de toma de decisión de la ciudadanía y que fomentan la percepción de que no defienden los intereses reales de la población.

Por otro lado, la generación más joven, criada a la luz de las pantallas, busca siempre la gratificación instantánea, algo que la política institucional no puede ofrecer, señala Rafael Rubio.

Ante esto, Elsa Arnaiz matiza: “Por supuesto que ese componente existe. Pero es que también hay problemas que requieren de respuestas urgentes que no pueden esperar, como la emergencia climática”.

La presidenta de Talento para el Futuro también señala que los jóvenes no tienen la cultura política que sí tenían las anteriores generaciones, más conscientes de que la democracia no es algo que viene dado, sino que hay que mantenerlo.

Por último, los políticos no han sabido estar en los canales de comunicación a los que se han pasado los jóvenes. “¿Cómo os informáis?”, preguntaba Pedro Sánchez a sus entrevistadores en el podcast. “Twitter”, respondieron al unísono.

Ante un atónito Sánchez, los datos revelan fenómenos como que TikTok se está convirtiendo en el principal buscador de información de los jóvenes o que pasan más tiempo en YouTube que en todos los canales de televisión juntos.

El plan de los políticos para conectar con los jóvenes

Podría parecer que la hoja de ruta a seguir es clara: si los jóvenes están en las redes, vayamos a las redes.

En su última campaña, el presidente francés, Emmanuel Macron, recibió a dos youtubers en el Elíseo para grabar con ellos un programa de humor.

Los equipos de comunicación han entendido la necesidad de estar en los canales de los jóvenes, pero no basta solo con tener presencia, sino credibilidad en el relato

En España, Santiago Abascal, líder de Vox, ha concedido casi más entrevistas a youtubers que a cadenas de televisión. Yolanda Díaz, que encabeza la nueva formación política Sumar, se comunica a través de TikTok y recientemente anunció en esa red social que se ha abierto una cuenta de WhatsApp para seguir conectando con el electorado. En una línea más divulgativa, el equipo del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital utiliza una cuenta también en TikTok para explicar a los usuarios distintas iniciativas que proponen desde su departamento.

Sin embargo, no basta con estar ahí, sino que hay que tener algo que decir. Y ahí es cuando empieza el problema porque no solo hay que presentar un relato, sino que sea creíble, advierte Rubio. Y precisamente lo que tienen las instituciones con los jóvenes es un problema de credibilidad.

Si a esto se le añade que la comunicación con ellos solo se da en periodo electoral, el impacto movilizador que puedan llegar a tener este tipo de acciones no tiene pinta de que llegue a ser mucho.

Debido a la transformación demográfica, el voto joven compone tan solo el 20% del electorado, por lo que la situación se convierte en un ejemplo de “la pescadilla que se muerde la cola”. Los políticos no tienen grandes alicientes para dirigirse a los jóvenes y estos se alejan cada vez más de las instituciones.

Menos relato y más medidas estructurales

Es cierto que los jóvenes quieren que la comunicación política se adapte a sus códigos, que se caracterizan por la desintermediación, la cercanía y la naturalidad.

Pero las preocupaciones de los jóvenes demandan soluciones a problemas estructurales que poco tienen que ver con las promesas que se lanzan desde las formaciones de todo signo político durante la campaña.

Para Rafael Rubio, la etiqueta de “medidas para jóvenes”, que además se ha insertado en un discurso que victimiza a los jóvenes y los tacha de “generación perdida”, no es un gran acierto.

Los jóvenes se resisten a dejarse convencer por las instituciones, pero su participación electoral es necesaria para reforzar la legitimidad de la democracia

“Los jóvenes, por su rebeldía innata, se resisten a ser encasillados en ese relato. Además, lo que los jóvenes denuncian son necesidades de toda la sociedad, no solo de ellos”, explica. El problema de la vivienda o del paro no solo afectan a este segmento de población.

Elsa Arnaiz coincide y señala que, aunque los jóvenes son muy mencionados durante las campañas electorales, tienen poca presencia en los programas de los partidos. Para paliar algunos de los problemas que preocupan se necesitan reformas estructurales y tiempo, algo que es más difícil de vender y de explicar.

“Habría que hacer más pedagogía de lo que supone sacar una ley adelante, poner a los miembros más jóvenes de los partidos a comunicar y dejar de infantilizar al electorado joven”, reflexiona Arnaiz.

A pesar de todo, voten

Puede llegar a entenderse la desafección de los jóvenes por la política, pero no es motivo para que las instituciones se rindan en su empeño por intentar conectar con ellos ni para claudicar en el intento de fomentar su participación en las urnas. “La democracia la hacemos entre todos”, recuerda Rafael Rubio.

Elsa Arnaiz insiste en la importancia de acudir a la cita en las urnas y recuerda que introducir una papeleta es una manera bastante instantánea de conseguir un resultado.

De hecho, desde Talento para el Futuro han lanzado la campaña #ConVozyVoto para concienciar sobre la importancia del voto y que cuenta con la participación de políticos de todo signo.

“Todos valemos lo mismo ese día. Si tú no participas, otro sí que va a participar y no se defenderán tus intereses”, advierte.

Para Arnaiz, el mayor peligro de no utilizar la herramienta del voto es que se vaya debilitando y la población sea vulnerable a los discursos que ofrecen medidas radicales y contundentes sin necesidad de someterlo a la negociación democrática.

“El voto se refuerza utilizándolo. Vemos muy lejos la posibilidad de una dictadura, pero está ahí”, concluye.

Hacer comunicación política para los jóvenes no debería ser como crear una especie de YouTube Kids con contenidos infantilizados, sino conectar con un electorado que tiene preocupaciones más allá de Taylor Swift y que ya no confía en que sus políticos tengan la solución.

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