África busca soluciones al déficit de médicos

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Duración lectura: 6m. 10s.

Kampala. Niños con cáncer duermen sobre camastros, expuestos al frío, en medio de un aire infestado de mosquitos. Es el Hospital de Mulago, en Kampala, regalo de los británicos tras la independencia de Uganda en 1962, que en su día fue motivo de orgullo en el África oriental. ¿Qué ha hecho que instituciones como el Mulago Hospital hayan caído tan bajo?

Estos y otros problemas parecidos han sido afrontados en el Global Forum on Human Resources for Health, celebrado en Kampala a principios de marzo. Asistieron alrededor de mil personas, entre funcionarios de distintos gobiernos, investigadores, directivos de instituciones sanitarias y académicos relacionados con ámbitos de la salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que faltan al menos cuatro millones de profesionales sanitarios en 57 países, en su mayor parte africanos, que puedan atender cuidados básicos como campañas de vacunación de niños, atención de embarazos, tratamientos contra la malaria, tuberculosis y sida.

Según las estadísticas de la OMS, el África subsahariana representa el 11% de la población mundial y el 25% de la carga de enfermedades. Pero solo cuenta con el 3% de los médicos del mundo, y necesitaría un millón de profesionales sanitarios más. En cambio, América, con el 14% de la población mundial y el 10% del peso de enfermedades, tiene a su servicio al 42% de los médicos del mundo. El 50% del gasto sanitario mundial corresponde a América, frente al 1% de África.

Por qué se van

El salario de un médico funcionario puede ser inferior a los 100 dólares mensuales en algunos lugares de África. En Londres o en Nueva York el sueldo puede elevarse a 14.000 dólares. En consecuencia, uno de cada cuatro médicos y una de cada veinte enfermeras que se forman en África deciden marcharse a los países desarrollados. El 29% de los médicos ghaneses trabajan en el extranjero, y lo mismo hacen el 34% de las enfermeras de Zimbabue. En países desarrollados como Canadá, Estados Unidos o Gran Bretaña, un cuarto o más de los médicos que trabajan en sus hospitales han venido del extranjero. De este modo, los países pobres están financiando la educación de los médicos y enfermeras que se marchan para no volver, en una auténtica inversión a fondo perdido.

En los países desarrollados la población está envejeciendo y aumenta la demanda de cuidados sanitarios, pero no se generan los médicos locales necesarios para atender esas demandas.

Los médicos de países en desarrollo emigran en busca de mejores sueldos, pero también de mejores condiciones de trabajo, de oportunidades de mejorar la propia formación y de adquirir responsabilidades más cualificadas. Otras veces el motivo de su marcha es la violencia política y la inestabilidad.

¿Cuál es la situación en las zonas rurales africanas? La mayoría de los ugandeses no consiguen jamás ver al médico cuando están enfermos. En un país de más de 28 millones de habitantes, hay solo 2.000 médicos registrados, incluyendo los que trabajan en hospitales privados o en ONG. Esto significa que hay un médico por cada 14.000 habitantes. En el último censo (2002), tres distritos no tenían ni un solo médico al que acudir, mientras otros llegaban a tener un médico por cada 120.000 habitantes. En contraste con esto, en Estados Unidos hay un médico por cada 390 personas. Irlanda tiene una enfermera por cada 66 personas: Uganda, una por cada 1.820. De los 150 estudiantes de medicina que se gradúan cada año, un tercio deja el país en menos de tres años.

El hospital, último recurso

Solo unos pocos hospitales tienen equipos de rayos X o escáner de ultrasonidos. Es normal que los médicos pidan a los pacientes que van a ser operados que les proporcionen guantes. Los equipos que manejan están muchas veces en mal estado y necesitan una urgente puesta a punto. El sector de la salud recibe cada año tan solo el 10% del presupuesto. Lo deseable sería que fuera tres veces mayor.

Los médicos cuentan historias de niños que agonizan ante sus ojos y de cómo ellos no pueden hacer nada debido a la falta de equipos o de medicinas. El Dr. Tom Mwambu, presidente de la Asociación Médica ugandesa, dice que deberían atender una media de 20 pacientes por día, pero que ahora tienen que atender a 40… y en pediatría, a 80. Estando así la situación, son cada vez más los ugandeses que ven los hospitales como último recurso y acuden más frecuentemente a herbolarios o a curanderos. Otros aceptan la enfermedad con fatalismo, pensando que nada se puede hacer. La automedicación está convirtiéndose cada vez más en una preocupación para los agentes sanitarios: los enfermos no consultan a los médicos, sino a vecinos, amigos, parientes, que padecen o han padecido dolencias semejantes. Y luego se limitan a copiar sus tratamientos sin ningún control facultativo.

Así las cosas, la esperanza de vida en Uganda es de 48 años para los hombres y 51 para las mujeres. De cada mil niños que nacen, 30 mueren en los primeros 28 días.

De los médicos formados en Uganda, tan solo la mitad ejerce la medicina: unos se dedican a la política, otros a los negocios. Y los que ejercen la profesión trabajan en dos centros de salud. Los médicos jóvenes comienzan el ejercicio profesional sin la tutela de un mentor, y es normal que se desilusionen pronto ante el desbordante trabajo que les llega. Así es como el sector va tirando a duras penas, gracias fundamentalmente al firme apoyo del personal para-médico, trabajadores sanitarios cuya insuficiente cualificación no les permite emigrar, pero sí hacer algunos trabajos propios de los profesionales. Uno de los acuerdos del Forum es darles un reconocimiento mayor, mientras se les ayuda a aumentar su cualificación.

Fuga de cerebros organizada”

Es claro que hacen falta respuestas coordinadas y con este objetivo se ha celebrado este primer Forum sobre Recursos Humanos para la Salud. Aunque en la declaración aprobada en el Forum de Kampala se reconoce que las migraciones del personal sanitario tienen efectos tanto positivos como negativos, se pide que los países establezcan mecanismos que favorezcan la retención de los trabajadores. En esta línea se anima a que la OMS acelere las negociaciones para llegar a un código de buenas prácticas sobre la contratación internacional del personal sanitario. A los países ricos se les pide que den prioridad y una adecuada financiación a la formación del suficiente personal sanitario nacional.

Como mal menor, algunas organizaciones están ahora impulsando una “fuga de cerebros organizada”. Uganda es uno de los cuatro países involucrados en el programa piloto de la Commonwealth para formar enfermeras extranjeras en Europa, de modo que trabajen en el Viejo Continente cuatro años de prácticas, para regresar luego a sus países y transmitir su experiencia. Mientras ellas están fuera, quizá enfermeras de los países desarrollados podrían viajar al sur, también para adquirir otra experiencia y llenar el hueco dejado por las nacionales.

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