La “excepción africana” frente a la pandemia mundial

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Duración lectura: 3m. 14s.
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Cuando se desencadenó la pandemia de covid-19, se temió que produjera una situación catastrófica en África, por sus carencias de estructuras sanitarias en comparación con otros continentes. Sin embargo, nueve meses después, la situación en África es mejor que en otras partes. En un chat en Le Monde, dirigido por la periodista Laurence Caramel, se responde a preguntas sobre la “excepción africana”.

África, que representa el 17% de la población mundial, no registra más que el 4% de los contagios de covid-19. Pocos enfermos han tenido secuelas graves y no hay una sobremortalidad inexplicada, que podría indicar que los efectos de la epidemia no se han medido bien.

Para explicar esta evolución favorable, se sugieren varias hipótesis:

— La juventud de la población africana, con una edad media de 19,7 años, muy inferior a la de Europa (42,5 años).

— El hecho de vivir sobre todo en el exterior, ya que la población es en su mayoría rural.

— Su débil inserción en la economía mundial ha limitado al principio la circulación del virus. Los países más afectados, como Sudáfrica, son los más “conectados”.

— La exposición regular a epidemias ha dado a los gobiernos una experiencia en su gestión que no tenían los países europeos.

— Además, los países africanos han tomado medidas desde la aparición de los primeros casos, con decisiones radicales como el cierre de fronteras.

El doctor Ngoy Nsenga, responsable de la OMS para las crisis en África, afirma: “La reacción precoz de los gobiernos en la gestión del nuevo coronavirus, el dominio de los métodos de diagnóstico y de rastreo en una región acostumbrada a gestionar contagios recurrentes, constituyen el factor decisivo para explicar la singular evolución del continente”.

También se observan grandes diferencias en el seno del continente. Más del 80% de los casos se concentran en unos pocos países. Sudáfrica representa la mitad de los casos. En las megápolis al principio ha afectado sobre todo a las élites en contacto con el exterior. Pero luego en Sudáfrica y Kenia la epidemia se ha propagado en las zonas de vecindarios informales densamente poblados. En los últimos dos meses se observa un nuevo pico de contagios en los países del Norte de África.

El acostumbramiento a vivir con epidemias ha proporcionado una resistencia psicológica a la población. Un testimonio desde Camerún confirma que al haber experimentado ya “la malaria, el cólera, el ébola, el dengue y otros virus, la población sabe lo que es enfrentarse a una epidemia, y la del covid no es forzosamente la peor. El sistema de diagnóstico funciona, los tests son gratuitos. Y, sobre todo, nadie dice que ha llegado el apocalipsis”. La doctora Elisabeth Carniel, directora del Instituto Pasteur en Yaundé (Camerún), afirma: “Muy pocas personas han tenido que ser hospitalizadas. Pocas han muerto. La tasa de ocupación de camas por covid es el 1%”.

La epidemia parece propagarse menos rápidamente donde hace calor, aunque es difícil hoy por hoy decir hasta qué punto influye la temperatura. “El brote de la epidemia en Sudáfrica tuvo lugar durante el invierno austral. Actualmente, la propagación es más rápida en África del Norte, que entra a su vez en el invierno”, dice Caramel.

Ahora que empiezan a descubrirse vacunas, se plantea si los países africanos tendrán los suficientes recursos para comprarlas. La mayoría de los gobiernos africanos se han adherido a la iniciativa Covax, promovida por la OMS, para asegurar la equidad en el acceso a las vacunas. La Unión Africana ha estimado que se necesitarían 12.000 millones de dólares para vacunar al 60% de la población del continente.

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