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Sidi

EDITORIAL

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓNBarcelona - 2019

Nº PÁGINAS376 págs.

PRECIO PAPEL20,90 €

PRECIO DIGITAL10,99 €

GÉNERO

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“Sólo soy un hombre de frontera”, afirma el protagonista de esta novela, Ruy Díaz de Vivar, conocido como el Cid Campeador (Sidi, para los musulmanes). La novela comienza con su destierro de la corte del rey Alfonso VI. Ruy Díaz es ya un personaje muy conocido gracias a sus aventuras militares al servicio del fallecido rey Sancho II, hermano de Alfonso VI. Tiene tal prestigio que, cuando parte para el destierro, le acompaña un numeroso grupo de soldados que le seguirían “hasta el mismo infierno”. Ruy Díaz ha dejado a su mujer y sus dos hijas en el monasterio de San Pedro de Cardeña, mientras acepta el servicio que le proponen de vigilar las tierras fronterizas con Al Andalus.

Al comienzo de la novela, el Cid y los suyos persiguen a unos musulmanes que se han adentrado en Castilla para robar y para secuestrar a mujeres y niños. La persecución le sirve a Pérez-Reverte para presentar al Cid y las principales características de la España del siglo XI, dividida en reinos y taifas donde conviven los momentos de ardor guerrero con la existencia entre cristianos y musulmanes.

La novela no cuenta la biografía de Ruy Díaz. Pérez-Reverte apuesta más bien por recrear de manera verosímil la ambientación de aquellos tiempos. Si la primera parte muestra la enconada persecución de los castellanos contra los musulmanes, con escenas propias de un western, la segunda se traslada a la taifa musulmana del rey de Zaragoza, Mutamán, enfrentado con los reinos cristianos vecinos y con su propio hermano, rey de la taifa de Lérida. El Cid, buscando lo mejor para su numerosa hueste, ofrece primero sus servicios al conde de Barcelona, Berenguer Remont, que los rechaza. El Cid llega después a un acuerdo con Mutamán para reconquistar algunas localidades a su hermano.

Como escribe el autor en una nota aclaratoria, el libro mezcla historia y leyenda con ficción. Como suele ser habitual en sus novelas, todo está muy bien ambientado, desde los lugares hasta la indumentaria militar y las costumbres de cristianos y musulmanes. También dosifica las batallas con momentos de tranquilidad, de negociaciones y de búsqueda de estrategias para sobrevivir. El Cid es una persona desterrada, mal vista entre los de su condición. El hecho de que se convierta en mercenario era algo habitual en aquellos años en los que los reinos y las taifas estaban siempre maniobrando con políticas de alianzas y de enfrentamientos bélicos.

La novela se basa en hechos históricos, aunque el personaje del Cid es muy resbaladizo, pues en su configuración se mezclan la historia con el mito y la leyenda. Hay ecos de los cantares de gesta más famosos, de obras de teatro y de los numerosos romances y poesías dedicados al Cid en siglos posteriores. Pérez-Reverte destaca en una nota preliminar que “hay muchos Ruy Díaz en la tradición española, y éste es el mío”. Esta libertad narrativa justifica que incluya escenas que pueden encajar mejor con los lectores contemporáneos. Por ejemplo, en la novela, las guerras entre cristianos y musulmanes lo son también por la religión, pero Pérez-Reverte prefiere mostrar una imagen tolerante tanto del cristianismo como del islam –“no somos tan diferentes”–, aunque el peso de la religiosidad de sus personajes es meramente decorativo, sin sustancia. Y también introduce Pérez-Reverte una posible aventura entre el Cid y la culta y joven viuda Rexida, hermana del rey Mutamán.

El principal objetivo de la novela es mostrar el mundo interior de un personaje que ya se sabe leyenda. La elección de Ruy Díaz como protagonista no es baladí: sus rasgos encajan en el perfil de los protagonistas habituales de las novelas de Pérez-Reverte. Es una persona fiel a un rey que le ha castigado con el destierro y del que no consiente que se hable ni se le juzgue mal; es justo y compasivo con sus enemigos; se muestra coherente y humilde en su vida social; es valiente y abnegado en los combates; renuncia a sus privilegios; y come y duerme como un soldado más. “Jamás –leemos en la novela–, desde que guerreaba, había ordenado a un hombre algo que no fuera capaz de hacer por sí mismo”. En fin, un ejemplo más de la ética orgullosa, fatalista e inflexible de la que hacen gala los protagonistas de Pérez-Reverte.