La adicción constituye hoy un problema generalizado: la droga, el tabaco, el porno, las redes sociales, relaciones tóxicas o destructivas, la ludopatía, los videojuegos… Las consultas de psicólogos y terapeutas están llenas de individuos que buscan desengancharse de algo que atenaza su existencia y anula su libertad. Intentando comprender el fenómeno, José Antonio Marina, como siempre, investiga hasta la saciedad para desvelar el misterioso mecanismo que transforma a los seres humanos en yonquis.
La perspectiva del ensayo es filosófica, lo que quiere decir para Marina que su mirada sobrevuela todos los sectores y ciencias que descubren algunos de los aspectos implicados en el surgimiento de la adicción, desde la biología a la psicología. Aunque se aprende bastante de los datos y explicaciones que se desgranan a lo largo de sus páginas, el libro, por norma general, sintetiza perspectivas incluso contradictorias, sin que a Marina le parezca imposible conciliar la teoría de la evolución o algún que otro enfoque materialista con referencias someras a Aristóteles o la escolástica.
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En este sentido, muchas de esas referencias son meras excusas empleadas por el autor para dar a conocer teorías e hipótesis que ya ha transmitido en otros de sus ensayos, como los que dedicó a la inteligencia, la creatividad o la voluntad. Para Marina, somos fruto de una “chapuza evolutiva”, resultado de la cual podemos tanto escalar a cimas sublimes como despeñarnos por barrancos menos prometedores. Siendo honestos, muchas de sus suposiciones proceden de reelaboraciones, lecturas y aprendizajes cuyo origen reconoce y que Marina divulga con una competencia pedagógica admirable.
Sin estar necesariamente de acuerdo con los fundamentos, el libro recoge enseñanzas muy interesantes. Así, explica que el problema de la adicción viene de la orientación hedónica que tomó en su momento la cultura y la sociedad y que intentar solventarlo con recetas políticas o programas preventivos no es suficiente. Para Marina, la respuesta se obtiene de la filosofía y tiene que ver con la educación de la voluntad; de hecho, el autor reivindica la enseñanza moral, siendo consciente de que ser libres es una tarea que capacita al ser humano para ser dueño de sí mismo.
No estamos ante un libro de autoayuda, ni que concrete los caminos que seguir para desembarazarnos de las adicciones. Aporta claves, en cualquier caso, imprescindibles para entender lo peligroso que es abdicar de la formación humana, porque sin reglas ni valorar el esfuerzo, las personas resultan más vulnerables. Confiar todo en las campañas antidroga o en alarmar de las consecuencias de otras adicciones es como poner la venda antes de la herida.