La mesa católica

La mesa católica

EDITORIAL

TÍTULO ORIGINALCatholic Table: Finding Joy Where Food and Faith Meet

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓNMadrid (2021)

Nº PÁGINAS210 págs.

PRECIO PAPEL18 €

GÉNERO

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La mesa católica no es un libro de recetas, aunque Emily Stimpson selle cada uno de los once capítulos con algunas de sus preferidas. Publicado en inglés en 2016, el ensayo ofrece una mirada teológica sobre la comida, un tema que la autora lleva tratando más de diez años en su blog (The Catholic Table) y en diferentes medios católicos, y para el que tiene como inspiración a autores como Juan Pablo II –especialmente su teología del cuerpo– y Leon Kass y su obra El alma hambrienta, entre otros.

Su reflexión se enmarca en una visión sacramental del mundo, pero muchas de sus reflexiones resultan interesantes independientemente de la fe que cada cual profese. Las críticas, en el primer capítulo, a la manera en que los estadounidenses se relacionan con la comida, son aplicables a cualquier país occidental: comidas y cenas solos, frente a una pantalla; el food porn; la ortorexia, cada vez más en auge, “que implica tener una obsesión insana por la alimentación sana”, o “definir la virtud en función de los alimentos que comemos”, por ejemplo, de modo que eres bueno si comes ensalada y si la ensalada ha sido cultivada de manera ecológica.

También habla claramente sobre los trastornos alimentarios: ella misma luchó contra la anorexia durante seis años y esas batallas aparecen reflejadas en las páginas, siempre al hilo de sus reflexiones, de una manera cercana y sencilla.

Metidos en harina –nunca mejor dicho–, cuando Stimpson habla del ayuno y de la gula, muestra la enseñanza milenaria de la Iglesia con profundidad teológica y chispeante capacidad comunicativa, combinación que da como resultado unas páginas llenas de oxígeno. Y de risas, porque Emily Stimpson levanta carcajadas con este libro: no solo con los chascarrillos que cuenta sobre santos y comida, sino en múltiples comentarios en los que el lector acaba conociendo sus preferencias culinarias (“Dios no tenía que hacer que la comida supiera tan bien. Todo podría haber sabido a tierra… o a remolacha”; “Dios sabía lo que hacía cuando creó […] ese fantástico animalito que nos proporciona el beicon, el jamón, la salchicha y la carne de cerdo”).

Hay asimismo ideas prácticas para incorporar esta teología de la comida en el día a día: preparar un almuerzo para una familia con un recién nacido entra dentro del “dar de comer al hambriento”, y un plan de viernes de “pizza y peli” o una cata de vinos o cervezas pueden ser oportunidades maravillosas de practicar la hospitalidad.

Leer La mesa católica da hambre: Stimpson logra seducir al lector y transmitirle su propia mirada sobre la comida –incluso a quien no sea especialmente cocinillas ni esté interesado en estos temas–. Y es un libro necesario porque sitúa frente a las preguntas importantes sobre nuestra relación con la comida, lejos de excesos y defectos, puesto que la mesa crea comunidad y afianza vínculos, y se convierte en una oportunidad para crecer en virtudes y para disfrutar. Eso sí, siempre comiendo “eucarísticamente”, con gratitud. 

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