La boca pobre

Nórdica. Madrid (2008). 153 págs. 15 €. Traducción: Antonio Rivero Taravillo.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

El inconveniente de toda parodia es que para saborearla a placer hay que conocer aquello que está parodiando. Con todo, si se hace con talento, puede contribuir al conocimiento de lo que de otro modo quedaría relegado al olvido. Es el caso de esta caricatura feroz de las narraciones gaelicistas que estuvieron en boga en los años treinta del pasado siglo. Antonio Rivero Taravillo nos pone al corriente, en la introducción, de lo que fue esta moda inaugurada por El isleño, de Thomas Ó Criomthain. Como sucedía con los relatos caballerescos ridiculizados por Cervantes, estas historias poseían una calidad discreta y se caracterizaban por unas notas comunes y reiteradas hasta la saciedad. Flann O’Brien carga las tintas sobre algunas de ellas, sobre todo la tendencia a exagerar la pobreza del mundo rural irlandés: de ahí, justamente, el título de la obra.

Flann O’Brien (Brian O’Nolan, 1911-1966) ha sido redescubierto para España por la Editorial Nórdica, que ha publicado ya El tercer policía y Crónica de Dalkey. La boca pobre, escrita originalmente en gaélico, data de 1941 y es la imaginaria autobiografía de Bonaparte Ó Cúnasa, natural de Corca Dorcha, “un niño entre cenizas”, como suele repetir con intención. Este y otros tópicos de los relatos gaelicistas salpican la novela. Bonaparte vive con su madre y su abuelo (“el Viejo Canoso”), compartiendo la casa con los cerdos y vistiendo no más que “unos calzones grises de lana”; sufre a unos profesores que le obligan a adoptar un nombre inglés; es aterrorizado por el “Gato de mar” (nombre que solía darse a las calamidades y desgracias de los irlandeses); ha de huir de su casa en un momento dado para llevar comida a su familia; afrontar espantosos diluvios… Todo ello sazonado de disparates diversos en los que no deja de asomar una risible autocompasión, sátira de la que exhibían los narradores gaelicistas.

El alcance de la obra, como puede verse, es limitado, a no ser que se vea también en ella, como es posible, una burla sobre el victimismo de los pueblos. Presenta también algunas peculiaridades que le otorgan interés, como esa especie de realismo mágico que se diría, también, parodia anticipada de la novela hispanoamericana posterior.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares