Historias de la Alcarama

Gadir. Madrid (2008). 240 págs. 18 €.

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Este libro es una larga carta del autor, periodista de reconocido prestigio, a la menor de sus hijas, al llegar ésta a la mayoría de edad, en la que le habla de Sarnago, el pueblo en el que nació en 1937, y de sus alrededores, en las Tierras Altas del norte de la provincia de Soria, donde Castilla da la espalda al padre Duero y vierte sus aguas al Ebro, en los límites con La Rioja y con Navarra.

Hoy, Sarnago y otros pueblos cercanos no son más que ruinas deshabitadas de las que se van adueñando la soledad y la maleza; por esto el libro tiene un tono evocador, elegíaco, como si el autor levantara acta de lo que fue y rindiera homenaje a los últimos habitantes de la zona, en un intento de que no se pierda del todo su memoria. Se recuerdan acontecimientos, costumbres de una sociedad agrícola y ganadera en una tierra inhóspita y abandonada por las autoridades, que vive pendiente del clima para sobrevivir, con larguísimos otoños e inviernos y breves primaveras y veranos. Se habla de personas de carne y hueso que vivieron allí, desde los parientes y amigos del autor hasta los maestros o los párrocos que estuvieron de paso durante más o menos tiempo. Todo contado con afecto, con comprensión y con cierta ironía, cuando el autor compara costumbres de antaño con las de la sociedad urbana de hoy.

Hay que destacar la calidad de la prosa de Abel Hernández. A la agilidad narrativa y a la viveza de los hechos narrados, hay que añadir las descripciones del paisaje en las que precisión y lirismo se armonizan, en un castellano tratado con mimo, con abundantes usos del habla local. En este sentido, ha sido un acierto la inclusión, al final del libro, de un glosario para el lector menos ducho en la vida del campo.

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