portada_el-rey-recibe_eduardo-mendoza_201809031029

El rey recibe

EDITORIAL

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓNBarcelona (2018)

Nº PÁGINAS368 págs.

PRECIO PAPEL20,50 €

PRECIO DIGITAL12,99 €

GÉNERO

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

En un momento de esta reciente novela de Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943), su protagonista, el periodista Rufo Batalla, afirma que se sentía “partícipe de algo importante y, al mismo tiempo, era consciente de no pintar nada”. Esta sensación define lo que se cuenta en El rey recibe, primera entrega de una trilogía titulada “Las leyes del movimiento”, sobre los numerosos cambios sociales, políticos y de costumbres que se están dando de manera acelerada en la sociedad occidental desde finales de los sesenta.

Tras finalizar sus estudios de Filología Germánica, Rufo Batalla empieza de meritorio en un periódico de Barcelona. Uno de sus primeros trabajos le lleva a Mallorca para escribir un reportaje sobre la boda del príncipe heredero de Livonia. El episodio es esperpéntico, pues al final Rufo, detenido por los servicios de seguridad, consigue entrevistar a Tukuulo, el príncipe heredero de un reino imaginario que pasó a formar parte de la URSS, e inicia con él, y con su mujer, de la que será un accidental amante, una intermitente relación que de alguna manera cambia su vida. Tras su experiencia en el periódico pasa a dirigir Gong, una revista de actualidad y cotilleo. Eso le permite conocer a diferentes personajes de la mediática fauna social y artística de aquellos años en España y en Europa.

Con un claro componente paródico, la novela presenta en clave literaria algunos aspectos de la España tardofranquista: hay reflexiones sobre la censura, Manuel Fraga, los tecnócratas, el periodismo de esos años, la revolución sexual, el auge del turismo, los Beatles, la muerte de Janis Joplin… También sobre la vida política, con la fuerte influencia del marxismo en todos los frentes. De hecho, Rufo se considera un hombre de izquierdas, amante de la revolución, a pesar de llevar una vida cómodamente instalada en la burguesía. La novela habla además de sus amistades, del ambiente familiar, de sus novias y amantes… Sin embargo, esa vida le provoca desazón, y decide marcharse a Nueva York.

Allí, Rufo ocupa un puesto en la delegación de la Cámara de Comercio de España, actividad funcionarial que le deja mucho tiempo para cultivar amistades y conocer muy bien la ciudad. En una fiesta, Rufo inicia una relación con Valentina, que se convertirá en su amante. Con ella frecuenta diferentes ambientes que dan pie a Mendoza para hablar de la vida en Nueva York, de la religión, del cine, la música, el arte de vanguardia, el caso Watergate, las Brigadas Internacionales… En Nueva York, Rufo se reencuentra con el príncipe Tukuulo, con el que en una inexplicable digresión mantiene una larguísima charla en la que le cuenta la historia de la colonización de su país.

Esta novela mezcla más que otras obras del autor las dos tendencias más habituales en su literatura: el análisis social y la vena paródica y humorística. Mendoza utiliza a Rufo como hilo conductor de lo que va narrando: consolidación del mundo gay, irrupción del feminismo, revolución sexual, drogas… Todo eso viene incorporado a la trama de manera forzada y con poca sustancia narrativa, pues los temas apenas pueden desarrollarse y queda de ellos una impresión parcial. La parte paródica es la amistad de Rufo con los príncipes de Livonia, una relación sin pies ni cabeza.

La obra tiene buenos momentos: excelentes descripciones, escenas humorísticas, personajes estrafalarios, análisis certeros… Pero, como novela, no funciona. La trama es insustancial, muchos personajes aparecen y desaparecen sin dejar huella, los conflictos internos que vive el protagonista no tienen entidad, las relaciones con sus amantes y otros personajes carecen de lógica… No hay argumento claro fuera de la sucesión de instantáneas a las que asiste en directo un desangelado Rufo Batalla, y algunos análisis y comentarios (por ejemplo, sobre la religión) resultan epidérmicos y disparatados.