Dije sí. Dije quiero. El matrimonio cristiano ante el desafío del divorcio

Rialp.

Madrid (2012) 239 págs.

21 €.

Traducción: Gloria Esteban.

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“Me voy a confesar y me niegan la absolución si no accedo sobre la marcha a cambiar de vida, es decir, si no renuncio a vivir como esposa de un hombre divorciado. En plena pasión amorosa y no pudiendo por menos que ser honesta con el Señor en el contexto de la confesión, contesto: No puedo. Y salgo de allí sin la absolución, privada de la Eucaristía y conmocionada…”. Este es uno de los muchos testimonios que cita el autor del libro, sacerdote francés católico, con una larga experiencia en el acompañamiento de parejas separadas, divorciadas y casadas por segunda vez.

Bandelier hace una exposición muy práctica y pastoral del matrimonio cristiano. Pero insiste en que la Iglesia no se inventa un modelo rígido de unión. Por esto afirma que “la vocación de vivir el amor conyugal como una alianza exclusiva y definitiva está inscrita en el corazón de todo ser humano”. La perspectiva del libro muestra una sinergia entre la fe y la razón, como la que se nos ofrece al decir que “darse con la idea de recuperarse es todo menos darse”.

Algunos de los factores que ponen en jaque la unidad matrimonial son el ambiente divorcista contemporáneo, la falta de espíritu de sacrificio y el silencio de los esposos infelices que no se asesoran con personas que podrían ayudarles. En nuestro mundo es necesaria una educación profundamente humana y cristiana para el matrimonio, desde tempranas edades.

Respecto a la imposibilidad de recibir la comunión por las personas divorciadas y vueltas a casar se recuerda las palabras de Juan Pablo II: “Su estado y su situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, una unión manifestada y actualizada eminentemente en el sacramento de la Eucaristía”. La Iglesia no carece de misericordia: las citadas personas no están excluidas sino incapacitadas, por decisión propia, para la recepción sacramental. Se les convoca a asistir al domingo a misa. Bandelier expone convincentemente el valor de la participación de los divorciados en la Iglesia. Además, la pastoral recuerda la situación de los niños inocentes y de los cónyuges abandonados, así como la atención que necesitan. También aborda con profundidad los posibles casos de nulidad matrimonial

La exigencia es una forma de ayuda. El amor y la verdad se encuentran como puede verse en la continuación del testimonio del que hablamos al principio: “… durante mucho tiempo me debatí entre mi gran deseo de la Eucaristía y mi deseo de rehacer mi vida junto a ese hombre… Y el día que elegí a Jesús descubrí que la vida de ese hombre era una red de engaños y que de hecho él era poco recomendable… Doy gracias a ese joven sacerdote, auténtico apóstol de Jesús, que me hizo descubrir la vida en verdad y me ha permitido entrar en una comunión aún mayor con el Señor”.

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