Desde que era niño, Simon Williams soñaba con interpretar a un superhéroe en la pantalla grande. Sin embargo, las posibilidades que se le han ido presentando no son las que esperaba, hasta que conoce a un prestigioso director de cine que puede ayudarle a dar el salto a la fama.
La compañía Marvel lleva unos años de incertidumbre después de más de una década acumulando taquillazos. Wonder Man parece una consecuencia lógica de esa crisis. Esta miniserie no sigue la fórmula de los efectos especiales y el ritmo acelerado, sino que más bien pretende ser un homenaje al cine y a los personajes con poderes especiales que quieren tener una vida normal.
La serie empieza con simpatía y originalidad, con diálogos ingeniosos y con el extraordinario Ben Kingsley como moderador de una historia más bien evidente, pero ciertamente eficaz.
El problema está en que los 10 capítulos se hacen innecesariamente largos, con demasiadas vueltas de tuerca a las dificultades del protagonista para combinar su vida profesional y su condición de superhéroe, en la línea de la superior Bruja Escarlata y Visión. Igualmente, la serie es entretenida y gustará a un público amplio que busque una producción diferente.