Whale Rider

Directora y guionista: Niki Caro. Intérpretes: Keisha Castle-Hughes, Rawiri Paratene, Vicky Haughton, Cliff Curtis. 105 min. Jóvenes.

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El segundo film de la neozelandesa Niki Caro constituye una de las más gratas sorpresas de la temporada. Se trata de una pequeña joya que ha merecido diversos premios, como los del público en Sundance y San Sebastián. Además, Keisha Castle-Hughes, la joven protagonista, optó al Oscar a la mejor actriz a sus trece años.

Un pueblo maorí de la costa de Nueva Zelanda lucha por mantener su identidad. Koro, el viejo jefe, espera la llegada de un nuevo líder, imagen del legendario Paikea, fundador de su linaje. Podría haber sido el primer hijo de Porourangi, el primogénito de Koro; pero el niño y la madre murieron al nacer, y solo sobrevivió una hermana gemela. Roto de dolor, Porourangi emigra y, en un acto de rebeldía, llama Paikea a la niña, aunque el liderazgo se transmite por vía masculina. Doce años más tarde las cosas van a peor para los maoríes: Koro sigue buscando un líder y, aunque adora a su nieta, ignora su calidad, sus esfuerzos y su convencimiento de poder servir a su pueblo.

Con tal argumento, eran enormes las posibilidades de caer en los tópicos familiares y en un falso feminismo, o de maltratar con opiniones políticamente correctas las viejas tradiciones maoríes. Aunque no sea más que por haber sorteado esos escollos hay que descubrirse ante el trabajo de Niki Caro. Pero la película es mucho más. Por un lado, cuenta una historia de gente real en un mundo real y contemporáneo al ritmo de la vida cotidiana. Además, enfrenta de una manera genial a una niña -magistral, Keisha Castle-Hughes- con unos adultos también muy bien caracterizados. Y, finalmente, construye un desenlace original, lleno de fuerza, poesía y sentimiento.

Fernando Gil-Delgado