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El anciano Bellocchio (Buenos días, noche) se acerca a la historia turbulenta de la relación entre Mussolini e Ida Dalser, 29 años, propietaria de un salón de belleza en Milán. Cuando se conocen, en 1909, Mussolini tiene 26 años, dirige un periódico y es un exaltado activista socialista.

La película, de un esteticismo que termina siendo pretencioso, presenta a Mussolini como un canalla sin escrúpulos, un ególatra implacable. Dalser luchará hasta su muerte para que Mussolini la reconozca como su esposa y madre de su primogénito. Las maniobras del dictador para quitarse de encima a la mujer serán las propias de un gángster. Los personajes son planos, la crudeza en las escenas de sexo no aporta nada y el retrato de las monjas que atienden un psiquiátrico es patéticamente siniestro. Son las cosas que pasan cuando el guión es pobre.

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