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Dos décadas en la vida de Ruth Bader Ginsburg, desde 1993 jueza del Tribunal Supremo de Estados Unidos, que contribuyó a eliminar la discriminación sexual en las leyes, empezando en 1972 con un caso a la inversa, el de un hombre soltero, dedicado a cuidar a su madre impedida, y al que no se le permitía una desgravación fiscal reservada a las mujeres. La película ha coincidido temporalmente con el documental candidato al Oscar RBG, dedicado a su figura.

La veterana Mimi Leder se bregó en la televisión con la serie Urgencias. Steven Spielberg le dio la alternativa cinematográfica en su entonces recién creada compañía DreamWorks con El pacificador y Deep Impact. Sin resultar nunca genial, ha ido ganando en hondura dramática con los años. Aquí maneja un guion del debutante Daniel Stiepleman, sobrino de la jueza Ginsburg, que huye del didactismo fácil, y con el que se ha identificado personalmente. Aboga por un sistema legal que debe ver personas y aborda cuestiones como la conciliación familiar y el avance profesional en un marco temporal concreto (1954-1974, aproximadamente), donde las mejores oportunidades son para los hombres, pero mimando en todo momento el lado humano de la historia, en la relación entrañable con el esposo o en el choque generacional con su hija.

El film deja claro que los tiempos cambian, y también el estado injusto de las cosas. Quizá el espectador puede perderse en algún momento con los tecnicismos legales, pero el resultado es muy encomiable. Cuenta con un gran reparto, con sobresaliente para Felicity Jones encarnando a una mujer de carácter.

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