Chloe es una chihuahua que vive lujosamente gracias a las obsesivas atenciones que le brinda su dueña, una multimillonaria solterona. Todo cambia cuando la perra queda al cargo de una sobrina de la dueña, que se la lleva a un viaje a México.

Pequeño disparate cuyo éxito dependerá de la gracia que los más pequeños encuentren a estos animales parlanchines. El guión ha sido construido como una nueva versión de los 101 dálmatas con personajes de carne y hueso: todos los perros hablan entre sí y se cuentan una historia paralela a la de los humanos. Estos últimos, ciertamente, son personajes casi huecos.

Hay un interesante diálogo norte sur, México-Estados Unidos, tanto en los humanos como en los animales; otro enfrentamiento adinerado-barriobajero, que tiene su gran momento fílmico en la perrera, extraído literalmente de La dama y el vagabundo, y un elemento ridículo, pseudomístico, en el que fantasmas aztecoperrunos se aparecen a Chloe invitándola a vivir con la dignidad que corresponde a una chihuahua.

El director Raja Gosnell (Scooby-Doo) es competente, las aventuras resultan entretenidas y Piper Perabo es una presencia atractiva en la pantalla.

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