Última noche en el Soho

Última noche en el Soho

TÍTULO ORIGINAL Last Night in Soho

PRODUCCIÓN Reino Unido - 2021

DURACIÓN 118 min.

PÚBLICOAdultos

CLASIFICACIÓNViolencia, Sexo

ESTRENO19/11/2021

GÉNEROS,

DIRECTORES

Una joven estudiante de moda descubre que puede viajar en el tiempo a una época con la que sueña: el Londres de los años 60. Allí conoce a otra misteriosa y ambiciosa joven que está dispuesta a convertirse en una estrella de la canción.

Hace solo unos días, el director de Baby Driver estrenaba el notabilísimo documental musical The Sparks Brothers y confirma ahora con Una noche en el Soho que atraviesa una magnífica etapa creativa.

Edward Wright rueda una de esas películas que hacen las delicias de cualquiera que disfrute escribiendo y analizando películas. Me explico. Estamos ante una cinta de terror. Eso es básicamente Última noche en el Soho. Pero una cinta de terror envuelta en un musical, un thriller psicológico, una película fantástica, una historia de iniciación a la vida adulta, una comedia nigérrima y una ácida crítica social. Y en cada uno de estos subgéneros Wright demuestra manejar con soltura un buen puñado de referencias sin ningún miedo ni a mezclar eclécticamente ni a copiar directamente del original. Por la pantalla desfilan Hichtcock, Tarantino, Woody Allen o Darío Argento. El rock de Uma Thurman, la rubia teñida de Vértigo, la escalera y el puñal de Psicosis o los fantasmas sin rostro del giallo italiano.

Wright diseña este collage de referencias cinematográficas con un trabajo de montaje soberbio y con el objetivo confeso de que el espectador “disfrute”. Que se entretenga. Esto imprime a una película, que es muy dura en forma y fondo, un tono ligero –en medio de la tragedia– y contenido –dentro de lo morboso de la trama–. Los juegos de espejos, las luces de neón, los viajes al pasado, las continuas referencias a la moda y el homenaje al Londres de los 60 son otras piezas con las que el cineasta juega.

La filmografía de Wright no se entiende sin la música, pero aquí el capítulo musical merecería un análisis detallado. Mientras tanto, solo decir que la BSO reúne más de una veintena de temas míticos de los años 60 que Wright eligió entre 300. El gusto del cineasta se demuestra exquisito y la historia dialoga continuamente con la música, tanto que puede verse la película como si fuera un musical.

La interpretación de las dos protagonistas –cara y cruz de un mismo personaje que prueba el sabor más amargo de la fama–, Thomasin McKenzie y Anya Taylor-Joy, es sobresaliente. Por último, y aunque estamos hablando de un divertimento –oscuro, pero divertimento–, la película tiene también un claro mensaje de protesta. Como en el caso de Una joven prometedora, la cinta es muy tajante en su denuncia de la cosificación femenina y más radical y moral que otros títulos en su ataque a la prostitución y su defensa nítida de que hay líneas rojas que no se pueden atravesar, por muy jugosa que parezca la recompensa. Y, de hecho, aquí solo se cruzan esas líneas a la fuerza, con una extrema violencia y en medio de un paisaje de pesadilla.

Ana Sánchez de la Nieta
@AnaSanchezNieta

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