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Lorenzo, de 14 años, tiene serios problemas de comunicación con adultos y con sus iguales. Durante la semana blanca, sus padres creen que va a esquiar con su escuela; en la escuela creen que la familia ha decidido no dejarle ir a esquiar, y él mismo se esconde y pasa la semana en el sótano de su casa, en soledad, únicamente interrumpida por la aparición de su hermanastra Olivia, de 25 años, artista y drogadicta.

La reaparición de Bertolucci había despertado grandes esperanzas… en aquellos para quienes Soñadores (2003) era una gran película. Tú y yo es una obra pequeña. El encuentro de los hermanastros –dos criaturas heridas– no será fácil: apenas se conocen, pertenecen a mundos distintos y tienen caracteres muy diferentes. Pero la cinta avanza en la dirección favorable que apunta desde el inicio.

El comienzo de la película es tedioso. La historia se anima cuando, instalado Lorenzo en el sótano, aparece Olivia. Los dos son estereotipos: el chico parece realista porque es un adolescente y responde al modelo; pero también ha sido retocado con unas pinceladas de psicoanálisis y deja entrever un complejo de Edipo. Olivia es ha sido concebida como contrapunto de Lorenzo: ella es todo lo que él no es, y viceversa. Aunque la sombra de Soñadores planea, al principio, sobre los hermanastros, su relación será simplemente fraternal.

Las conversaciones en ese sótano, con reproches, preguntas y respuestas sobre todo y sobre nada, son poco originales y rezuman amargura y tristeza, que alcanza su clímax en una bellísima secuencia: los hermanos bailan una versión italiana de la canción Space Oddity de David Bowie. La nueva letra los retrata, los une y les da esperanza, y lanza la cinta hacia un final correcto, optimista a medias.

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