Triple agente

TÍTULO ORIGINAL Triple agent

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Director y guionista: Eric Rohmer. Intérpretes: Katerina Didaskalu, Serge Renko, Cyrielle Clair, Amanda Langlet, Emmanuel Salinger. 115 min. Jóvenes.

En 1937 desapareció misteriosamente un ruso blanco exiliado en París, jefe de los veteranos de la guerra contra los bolcheviques. Al parecer fue víctima de un agente doble que se dio a la fuga. El caso nunca se aclaró.

Dos años después de “La inglesa y el duque”, Eric Rohmer se basa en esta anécdota real para recrear en “Triple agente “otro capítulo de la historia de Francia: el correspondiente a los años inquietos que precedieron a la II Guerra Mundial. Un tiempo que Rohmer conoció personalmente y que ahora ha reconstruido con primor. La historia comienza en 1936, cuando el Frente Popular gana las elecciones en Francia, en España estalla una guerra civil y todo el mundo se pregunta qué piensa hacer Stalin. Fiodor, esposo modelo, joven general del ejército zarista y espía de los rusos blancos en el exilio parisino, podría ser un agente doble… o triple. La enfermedad de su mujer, Arsinoé, dará un impulso dramático a la acción.

En “Triple agente”, Rohmer reduce la historia a la vida cotidiana de un matrimonio inmigrante, aún joven, sin hijos, que encarnan el mundo de los años 30. Ella es griega, pintora y ama de casa, y no está interesada por la política. Él es ruso, espía, y le fascina el poder de la intriga y la inteligencia. Ella es una auténtica heroína rohmeriana, algo distante y etérea, que se convierte en un personaje trágico en lucha con un mundo que no entiende. Él es el personaje más enigmático que ha creado nunca este director, del que llegamos a saber todo, salvo lo que piensa y de qué lado está. A través de esta pareja, y de pocos detalles más -sobre todo noticiarios de época muy bien utilizados-, Rohmer reconstruye el ambiente de aquellos años y sus continuos debates entre la derecha y la izquierda, el fascismo y el comunismo, la pintura y la política.

La puesta en escena es sobria en exceso, como una postal de época. El tono resulta muy discursivo, pero con un discurso que apasiona.

Fernando Gil-Delgado