Traffic

Director: Steven Soderbergh. Guión: Stephen Gaghan. Intérpretes: Benicio del Toro, Michael Douglas, Catherine Zeta-Jones, Don Cheadle, Dennis Quaid, Erika Christensen, Topher Grace. 147 min. Adultos.

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Este film, servido por Steven Soderbergh a partir de un guión de Stephen Gaghan -inspirado en la miniserie documental británica Traffik y galardonado con el Globo de Oro-, tiene la virtud de dar una visión poliédrica de los dramas generados por el consumo y tráfico de estupefacientes. Lo hace contando de modo paralelo tres historias: 1) La lucha a pie de obra de dos policías mexicanos, en la frontera entre su país y Estados Unidos; su esfuerzo y dedicación contra el narcotráfico son sinceros, pero ¿qué pretende en realidad su superior, el general Salazar? 2) El nombramiento en Estados Unidos del nuevo fiscal antidroga, que coincide con la iniciación a las drogas de su hija adolescente. 3) La detención de un sospechoso, jerifalte del tráfico de drogas, cuya verdadera ocupación desconocía su destrozada esposa.

Gaghan acierta al pergeñar tres historias poderosas. De modo que cuando saltamos de una a otra añoramos saber qué va a pasar en el relato que acabamos de abandonar, pero enseguida nos sumergimos en la narración que habíamos dejado hace un rato. Quizá el hilo narrativo más endeble sea el tercero, donde la transformación que sufre Catherine Zeta-Jones resulta algo increíble. Soderbergh, que es el responsable de la fotografía bajo el pseudónimo de Peter Andrews, opta por dar un tratamiento visual diferente a cada una de las historias: domina el sepia en lo que acontece en México, los tonos azulados y fríos en el entorno de Washington donde transcurre la vida del fiscal, y unos colores más naturales en San Diego, donde se produce la detención del narco. Obviamente, este recurso visual ayuda a distinguir las narraciones, y apuntala un cierto tono de verismo, pues algunos colores se asocian casi intuitivamente a determinados ambientes. Pero quizá se hace notar demasiado. Más inteligente es el recurso al español en los tramos mexicanos, realista de verdad, y que tiene un firme apoyo en el trabajo extraordinario de Benicio del Toro, premiado con el Globo de Oro al mejor actor secundario. Aunque todo el reparto está estupendo, con interpretaciones muy medidas.

La película acierta en el dibujo de las enormes dimensiones del problema de las drogas. Un problemas de personas concretas: las adictas, las que las han convertido en modus vivendi, los que luchan contra el narcotráfico y se sienten impotentes, las familias de todos ellos. Existe una cierta humildad entreverada de desesperanza en el reconocimiento de que los instrumentos que arbitra la justicia para acabar con esta lacra no bastan. La decisión de no dejar completamente cerrada ninguna historia viene a decirnos que la lucha no termina nunca. Hacen falta el apoyo de la familia, la integridad de los profesionales… y grandes dosis de paciencia.

José María Aresté