El desembarco de Normandía fue la operación decisiva para la victoria de los aliados sobre Alemania en la II Guerra Mundial. Los generales al mando, el estadounidense Dwight D. Eisenhower y el británico Bernard Montgomery, esperan el dictamen de James Stagg, jefe británico de meteorología, e Irving Krick, experimentado meteorólogo norteamericano. Su opinión es clave para fijar la fecha de la operación.
Tiempo de victoria se centra en las 72 horas previas al día D. La película radiografía y ficciona las idas y venidas, conversaciones, cálculos y luchas de egos que ocurrieron antes del pistoletazo de salida. Como en el caso de Espías desde el cielo, estamos ante un thriller bélico que transcurre en interiores y apenas se asoma al campo de batalla. Como en Núremberg, el nervio de la película está mucho más en los conflictos personales y en las conversaciones que en las acciones: en este caso, el desembarco en Normandía.
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El australiano Anthony Maras construye una película de hechuras muy clásicas, con un tempo sostenido que consigue mantener el suspense, y con él, el interés del espectador. El guion articula con exquisito equilibrio la trama histórica con los conflictos más personales. En ese sentido, cada personaje vive su propia batalla interior mientras trata de ganar una guerra mundial. Contar con actores de la talla de Brendan Fasser –absolutamente creíble como Eisenhower–, Andrew Scott –en el papel de James Stagg– y Chris Messina –como Irving Krick– resulta decisivo en una historia que descansa en los hombros de sus protagonistas.
Además, esta película histórica plantea cuestiones interesantes para una actualidad marcada por la posverdad, como la importancia de los datos y los hechos sobre las impresiones o emociones, o la necesidad de contrarrestar los sesgos ideológicos con un trabajo serio y desprejuiciado.
Un comentario
El actor que representa el papel de Dwight D. Eisenhower no es Brendan Fasser sino Brendan Fraser.