Tiempo de valientes

Director y guionista: Damián Szifrón. Intérpretes: Diego Peretti, Luis Luque, Oscar Ferreyro, Gabriela Izcovich, Martín Adjemian. 112 min. Jóvenes. (VSD)

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Nacido en Buenos Aires hace 30 años, Szifrón -guionista de la famosa serie televisiva “Los simuladores”- dirige su segundo largometraje, una hilarante película de acción con un argumento sumamente original. Mariano Silverstein es un joven psicólogo implicado en un accidente de tráfico. El juez le obliga -como pena de trabajo social- a realizar el acompañamiento terapéutico de Alfredo Díaz, un agente de policía deprimido por la infidelidad de su esposa. El psicólogo deberá acompañar al policía durante su jornada laboral y, sin comerlo ni beberlo, se verá sumergido de lleno en un peligrosísimo caso en el que tendrá que asumir roles en las antípodas de su profesión.

Szifrón cuenta con un excelente actor, Diego Peretti (“No sos vos, soy yo”), al que ya había dirigido en televisión. Luis Luque da muy bien la réplica. El talento cómico y un espléndido sentido del ritmo permiten a Szifrón cerrar una película de género que combina los “gags” precisos con ese sentido de la ironía tan argentino que no desaprovecha la ocasión de sugerir y lanzar dardos contra algunas lacras de nuestra sociedad. Basándose en esquemas y planteamientos hollywoodienses, propios de las llamadas “buddy movies” (films protagonizados por una pareja antagónica), sabe crear un producto netamente argentino, pero con una eficaz proyección universal. Se pueden ver en la cinta referencias a títulos como “Arma letal” y “48 horas más”. La música tiene ecos de los “spaghetti-western” de Sergio Leone.

El film habla del descubrimiento de uno mismo y de las capacidades que uno ignora poseer y que salen a la luz ante circunstancias novedosas; trata de las apariencias en que a menudo vivimos instalados, así como de la universalidad de la condición humana en cuanto a miserias y grandezas se refiere.

Sin ser un film de mensajes ni moralejas, ni de perfiles antropológicos nítidos, transmite una mirada positiva y amable sobre lo más oscuro de nosotros mismos. Divertida y entretenida en unos niveles muy por encima de la media, la cinta tiene unas interpretaciones antológicas y un guión que fluye como la seda.

Juan Orellana

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