Sweet Home Alabama

Director: Andy Tennant. Guión: C. Jay Cox. Intérpretes: Reese Witherspoon, Josh Lucas, Patrick Dempsey, Candice Bergen, Mary Kay Place, Fred Ward, Jean Smart, Ethan Embry. 108 min. Jóvenes-adultos.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Melanie (Reese Witherspoon) es una joven diseñadora de moda que acaba de triunfar en las pasarelas de Nueva York. El broche de oro de su noche triunfal lo pone su amigo Andrew (Patrick Dempsey), soltero de oro e hijo de la alcaldesa de Nueva York (Candice Bergen), quien le pide que se case con él, nada menos que en Tiffany’s, ante la sonrisa bobalicona de sus empleados, y siendo ella quien elige el anillo con un diamante más grande que el Palace. Ella acepta pero le pide que guarde el secreto unos días. A continuación vemos a Melanie huyendo hacia un pueblucho llamado Pigeon Creek, en Alabama. Y es que la neoyorquina Melanie es una provinciana venida a más. Huyó de su pueblo, que la agobiaba, para perseguir nuevas metas en una capital. Allí tenía un marido del que aún no se había divorciado. Y a eso acude a su pueblo, a recuperar su libertad para poderse casar con Andrew. Pero el encuentro con sus orígenes, con sus raíces, amigos de antaño y familiares va a tener unas consecuencias imprevisibles.

Sweet Home Alabama ha sido número uno en las taquillas de Estados Unidos por razones que nadie en Europa puede entender. Se trata de una comedia romántica, sencilla, absolutamente previsible y nada original. Presenta el contraste entre el norte y el sur, entre la ciudad y el campo, pero siempre al modo de Hollywood, es decir, un sur idealizado, sin problemas, donde todo el mundo es amable, encantador y culto. En realidad, se trata de un vehículo para el lucimiento de Reese Witherspoon -tras su éxito en Una rubia muy legal-, conducido por Andy Tennant (Por siempre jamás, Ana y el Rey), que no está en su mejor forma. Una comedia grata, con cierto encanto, pero prescindible.

Fernando Gil-Delgado