Agnes tendría que ser feliz, pero no lo es. En absoluto. Acaba de ser nombrada profesora titular en su antigua universidad, y sólo quiere desaparecer del mundo para perderse en su casa rural de Massachusetts, donde apenas mantiene contacto con un número muy reducido de personas.
Conocida por su interpretación de Rian en la popular serie norteamericana Billions, esta actriz se ha convertido en una de las grandes sorpresas del año en su debut como directora. Ella es la creadora de esta película que dirige, escribe y protagoniza, con un tono de cine independiente desinhibido muy cercano al de otras mujeres orquesta como Lena Durham (Sin medida, Girls) o Phoebe Waller-Bridge (Killing Eve, Fleabag). Al igual que estas cineastas, Eva Victor ha sido recibida con entusiasmo por buena parte de la crítica especializada y del público, que ha premiado su paso por los festivales de Sundance y Valladolid, y que le ha llevado a obtener una nominación al Globo de Oro a la mejor actriz dramática del año.
El universo de la protagonista gira en torno a la amargura, la desconfianza y el sexo. De ahí derivan situaciones marcadas por diálogos sarcásticos, de una espontaneidad que se presenta como revolucionaria ante lo establecido, cuando realmente sigue las consignas del individualismo más políticamente correcto. Esto explica que la protagonista tenga sus relaciones más auténticas y perdurables con una amiga lesbiana, que acaba de quedarse embarazada de un desconocido alto y caucásico (un vecino encantador con el que solo se trata para tener relaciones sexuales), y con una gata solitaria.
Eva Victor cuenta con un gran casting, en el que destaca un desaprovechado Lucas Hedges (El regreso de Ben, Manchester frente al mar). Gracias a la interpretación y a algunos giros ingeniosos en el guión, los personajes expresan una cierta empatía y autenticidad. Sin embargo su cinismo pragmático termina siendo muy reiterativo y artificial, además de profundamente desesperanzado.