“Slumdog Millionaire”: razones para 8 Oscars

Slumdog Millionaire lleva cosechando premios desde su estreno en el festival de Toronto, donde consiguió el premio del público. La cinta triunfó en los Globos de Oro (película, director, guión y música) y en los BAFTA (película, director, guión, música, fotografía, montaje y sonido). Finalmente, la Academia de Hollywood le ha concedido 8 Oscars, incluido el de mejor película.

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Una película de pequeño presupuesto -apenas 15 millones de dólares-, sin actores conocidos, que estuvo a punto de no estrenarse y lanzarse directamente en DVD, es la película que encandila estos días al mundo, donde lleva recaudados más de 130 millones de dólares. La historia de la génesis de esta película es lo más parecido a su propio argumento: el chico pobre de las chabolas que gana 20 millones de rupias en un concurso de la televisión.

“Es el destino -señala Danny Boyle-, como dicen en la India. Lo cierto es que tuvimos problemas. El proyecto empezó muy poco a poco, y al principio parecía que iba a ir mal. El presupuesto era de 7 millones de libras, que es el máximo que se podía conseguir sin tener una estrella en el reparto… No era un proyecto sencillo, pero luego la cosa cambió. J.K. Rowlings podría decir lo mismo, pues veinte editores rechazaron la publicación de la primera novela de Harry Potter. Y los Beatles también podrían hablar de eso… Es el destino”.

La recepción del público ha sido otra sorpresa para el realizador británico. “La primera vez que vi la película fue en Toronto, y me quedé asombrado por la reacción del público. Creo que es porque el protagonista es un ‘don nadie’, un perro del suburbio, que llega a lo más alto. Y todo el mundo quiere pensar que esto es posible. Por otra parte, el dinero no le importa tanto, es el amor. En el fondo, esta película habla de encontrar la felicidad”, afirma Boyle.

Pero, además de al público, la película ha seducido a la crítica y a la Academia de Hollywood, que el 22 de febrero le ha dado 8 estatuillas de las 9 a las que era candidata (en una de ellas, dos veces, por sendas canciones de A.R. Rahman).

Mejor guión adaptado

“Los guiones son como perros sin dueño: te siguen hasta que los llevas a casa”, sentencia Boyle. El guión que persiguió y atrapó a Boyle es la adaptación hecha por Simon Beaufoy de la novela ¿Quieres ser millonario?, de Vikas Swarup, un diplomático indio que publicó este título en el año 2005. El trabajo de Beaufoy (que fue el guionista de The Full Monty) da para una tesis doctoral, como reconoce el propio Boyle: “Simon hizo una estupenda adaptación porque la novela es muy rígida: doce capítulos que empiezan con una pregunta y terminan con una respuesta. Tal como estaba, era imposible hacer una película”.

Realmente, Slumdog Millionaire tiene más que ver con Millones que con Trainspotting, aunque en toda la producción de Boyle hay una búsqueda -errada a veces, acertada otras- de la felicidad. En sus dos últimas películas, Boyle ha rodado con niños. “Creo que los niños son grandes actores y que lo estropean todo cuando son adultos -afirma el realizador-. La actuación de los chicos fue brillante, también porque en Bombay el cine es muy próximo a la gente. Cualquier chaval te puede hacer un baile tipo Bollywood, o adoptar el gesto de un actor. Es algo innato. Pero lo que más me fascinó es que fueran capaces de comprender conceptos que yo pensaba que no entenderían por ser muy pequeños, como, por ejemplo, la traición”.

Boyle ha hecho un magnífico trabajo de dirección de actores. Al protagonista, Dev Patel, un joven londinense, lo descubrió la hija de Boyle porque actuaba en una serie de televisión inglesa. “Es un auténtico cómico -afirma Boyle-. En la serie es divertidísimo y cuando lo conocí no podía estar más serio: así son los cómicos”. En cuanto a los niños, Boyle se encontró con la barrera del idioma; de hecho, parte de la película se rodó en hindi porque los niños no dominaban el inglés y su interpretación en esta lengua era afectada. “Dos de los niños son de familias muy pobres y el otro no. Ahora los dos están yendo al colegio por primera vez gracias a la película. Les estamos pagando su educación desde junio. Y cuando cumplan 18 años hay una importante suma de dinero preparada para ellos. Si les damos el dinero ahora, cosa que podríamos hacer con lo que ha ganado la película, se volatilizaría. Es mejor pagar su educación hasta su mayoría de edad y luego darles el dinero. La película habla de que lo que aprendes en la vida te sirve y que con eso puedes ganar dinero, pero es importantísima también la educación”.

Mejor montaje

Esta conmovedora historia de amor se quedaría en un bonito telefilm si no fuera por el extraordinario ropaje audiovisual que la viste. La película es un derroche de fuerza, de luz, de música y colorido ensamblados de forma magistral en un montaje, según cuenta el cineasta británico, muy intuitivo pero en cualquier caso sobresaliente.

Desde los primeros minutos de la película, Danny Boyle demuestra que no tiene miedo a un montaje fragmentado que da saltos en el tiempo, que muestra tomas imposibles, que juega con los puntos de vista. En el vigoroso ritmo de la cinta y en su aparente despreocupación por el encuadre, el espectador percibe además que el director se lo está pasando en grande.

“Rodar la película fue fantástico -señala Boyle-, pero montarla fue increíble. En la película hay cinco momentos bien diferenciados: cuando el niño es pequeño, cuando tiene diez años, cuando es adolescente, cuando está en la televisión y cuando está en la policía. Sin embargo, en el film, no hemos usado ningún efecto, ni barridos hacia delante o hacia atrás, ni fotogramas en blanco, nada. El tiempo en la película pasa como pasa en la mente, va y viene. Teníamos la sensación de que la película se montaba sola, era todo muy fácil y muy rápido. La montamos muy deprisa, y creo que se trata del mejor montaje de mis películas”.

Mejor fotografía

Parte del arrebatador hechizo de Slumdog Millionaire es una cuidadísima fotografía que, en su desesperado intento de evitar el preciosismo… resulta definitivamente preciosa. Boyle ha vuelto a contar con Anthony Dod Mantle, con el que trabajó en 28 días después y Millones. Dod Mantle es el responsable además de la fotografía de Dogville, Manderlay y El último rey de Escocia.

Se nota que a Boyle le ha arrebatado Bombay. “Es un lugar extraordinario. No hay apenas arquitectura, ni edificios singulares, y los pocos que hay los descartamos. Lo que hay es gente y a mí la gente me gusta mucho. Intentamos captar la sensación que hay en la ciudad, esa especie de zumbido, de bullicio continuo. Bombay es una ciudad llena de vida y eso es lo que intento reflejar”.

Mejor sonido

Slumdog Millionaire aspiraba a premio en las dos categorías de sonido: Mejor sonido, que se refiere a la unión armoniosa de las voces, los sonidos de los objetos y la banda sonora, y mejor edición de sonido, donde entra también la creación de efectos. Ha ganado en la primera categoría, pero no en la segunda.

Para Danny Boyle, el cuidado del sonido ha sido otro modo de reflejar con realismo la vitalidad de la India. “Es una ciudad muy extrema: todo se mezcla, hay acontecimientos terribles y de repente todo se calma”, sentencia.

Mejor músicay mejor canción

Dentro del peculiar universo fílmico de este director, que adora la estética del videoclip, la música ocupa un lugar vital. “Me encanta la música y por eso disfruté mucho utilizando la banda sonora en esta película como lo hacen en el cine de Bollywood. En Occidente ponemos la música por detrás para que empiece suavemente con las imágenes y vaya subiendo lentamente. Allí hacen lo contrario: la ponen delante, entra de lleno, bruscamente… me fascina”, señala Boyle.

La música es obra de A.R. Rahman, conocido compositor muy apreciado en Bollywood, que ha ganado dos Oscars por su trabajo en Slumdog Millionaire: mejor música y mejor canción, Jai Ho. También era candidato al Oscar en esta segunda categoría por otra canción de la misma película, O Saya.

Mejor película

Slumdog Millionaire es un claro ejemplo de que la fórmula que convirtió al cine en una fábrica de sueños hace más de un siglo sigue vigente: una buena historia, unos buenos personajes y un buen envoltorio audiovisual gustan al público siempre. Por otra parte, y en medio de un panorama cinematográfico demasiado empeñado en mostrar el lado oscuro de la existencia, la película de Danny Boyle es una demostración práctica de que se puede reflejar también la bondad del ser humano sin caer ni en lo cursi ni en lo blando. Al contrario, con mucha dosis de frescura, con humor, adrenalina en vena y entreteniendo al público, que eso es el cine. Y además, el efecto de mostrar la humanidad, el amor y la integridad en el arte es muy positivo para el espectador, que sale del cine contento y esperanzado. No es nada nuevo, aunque ahora parezca novedoso. Los griegos lo llamaban catarsis.

La crítica, a través de los premios, ya se ha pronunciado y muchos no han dudado en afirmar con contundencia que es la mejor película de la década, lo que de momento es lo mismo que decir del siglo. El público ha respondido también con entusiasmo. Solo quedaba comprobar si la todopoderosa Academia de Hollywood decidía premiar la cinta. Y así ha sido, como parece que era el destino de esta pequeña película que casi no llega a estrenarse.

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