Shaft

TÍTULO ORIGINAL Shaft the Return

DIRECCIÓN

GÉNEROS

Director: John Singleton. Guión: John Singleton, Richard Price y Shane Salerno. Intérpretes: Samuel L. Jackson, Vanessa Williams, Jeffrey Wright, Christian Bale, Busta Rhymes, Dan Hedaya, Toni Collette. 120 min. Adultos.

Filmar un remake es una aventura arriesgada, de modo muy particular cuando el original se ha convertido en una obra de culto. Shaft (Las noches rojas de Harlem), celebrada película de Gordon Parks, marcó un hito en la mitología norteamericana. Era el año 1971 y, a pesar de la teoría, la igualdad racial no estaba a la altura de las leyes. Sidney Poitier era el único actor célebre de color. La llegada de Shaft, encarnado por Richard Roundtree -que desempeña un pequeño papel en esta versión-, fue sonada. Un detective privado grande, fuerte, descarado y socarrón, capaz de dar una soberbia paliza a un malvado y acto seguido, sin perder el aliento, acompañar a una dama a su habitación. Shaft-Roundtree se convirtió en un símbolo.

El Shaft de Samuel L. Jackson tiene dos importantes diferencias respecto del original: aquel detective privado se ha convertido -¿quién lo hubiera dicho?- en policía de Nueva York; además, aquel primer Shaft tenía que demostrar su hombría a base de llevar bellezas a su lecho. Samuel L. Jackson no necesita demostrar nada, así que, salvo el leve escarceo con el que arranca la película -se supone que para recordar al público que estamos ante el mismo Shaft-, las relaciones sentimentales se reducen a unos diálogos que nadie se toma en serio.

Hechas estas modificaciones, ¿en qué queda este nuevo Shaft? En una entretenida película que trata de un policía noble, duro, rebelde y arrogante, que intenta ser honesto en un ambiente que no lo es. El arranque es magnífico; en pocos planos se describe al personaje y se aboceta la trama, sin fallos ni rupturas. Cuando Shaft ha detenido al asesino racista (Christian Bale), y éste huye a Europa, la trama decae. El nuevo centro de atención es el traficante de drogas People Hernández (Jeffrey Wright), que borda su papel y supera con creces el interés de la trama principal. En el fondo, nos encontramos ante una entretenida y convencional película de policías que, en honor a su vieja predecesora, ha guardado una cierta estética de los años setenta, su famosa melodía original y, además, presenta como protagonista al actor afroamericano más representativo del momento.

Fernando Gil-Delgado

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