Salvador

Director: Manuel Huerga. Guión: Lluís Arcarazo, basado en el libro "Cuenta atrás", de Francesc Escribano. Intérpretes: Daniel Brühl, Tristán Ulloa, Leonardo Sbaraglia, Joel Joan, Leonor Watling. 138 min. Adultos. (VXD)

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Diez años después de “Antártida”, Manuel Huerga (Barcelona, 1957) dirige su segundo largometraje, una reconstrucción de los últimos meses de la vida de Salvador Puig Antich, militante anarquista, ejecutado el 20 de marzo de 1974 por matar a un policía.

El primer tramo, la detención, es el más flojo; está lleno de tópicos. La historia de la militancia activa de Puig se ve bien, es animada y tiene ritmo, aunque algunas exageraciones le resten valor: por ejemplo, el equipo de policías rivaliza para mostrar quién es más odioso incurriendo en la caricatura; hay un atraco a un banco que parece inspirado en los “westerns” de Sam Peckinpah; y la secuencia con la antigua novia de Salvador es plana y no aporta nada. En cambio, la parte carcelaria, cuando se descubre el lado humano del condenado, es notable.

La película tiene un prólogo y una coda, seguramente prescindibles. Anuncia que va a mostrar un ejemplo de idealismo, de sinceridad y de lucha por la libertad en los últimos años de la dictadura de Franco y termina con imágenes del entierro de Puig, en medio de un férreo control policial, donde una voz en “off” habla de la repercusión de los hechos.

Huerga logra sacar una gran actuación a Daniel Brühl, al enfrentarlo a actores y actrices de talla, en primer lugar a Leonardo Sbaraglia, un sencillo carcelero que se convertirá en su amigo. Solamente desentonan aquí el sacerdote y el verdugo. El primero porque, claramente, no sabían que hacer con él y le dan un par de frases neutras, de relleno; el segundo, porque han creado a un personaje de Berlanga fuera de lugar en este drama.

La película de Huerga transmite auténticas emociones y hace creíbles a sus personajes. Más allá de las evidentes simpatías del director por el personaje, queda un hermoso alegato contra la pena de muerte.

La evocadora música de Llach es acertada y casa bien con la imaginería de Huerga, que demuestra tener buen ojo. Si bien el acercamiento a la época está más logrado y es menos caricaturesco que el de la mayoría de las películas que han abordado la época de Franco, en lo que se refiere a la lucha por la libertad no acierta y distorsiona los hechos.

Fernando Gil-Delgado

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