Ponette

Director y guionista: Jacques Doillon. Intérpretes: Victoire Thivisol, Delphine Schiltz, Matiaz Bureau Caton, Leopoldine Serre, Marie Trintignant. 97 min.

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Ponette es una niña de cuatro años, que acaba de perder a su madre en accidente de automóvil, en el que también iba ella. Su brazo izquierdo escayolado hace constantemente presente al espectador el suceso que no ha visto. El padre lleva a Ponette al lugar en que perdió a su madre, y procura, allí en el campo, explicarle con suave y rotunda claridad el hecho irreversible de la muerte; sin esperanza, al no ser él creyente. Ponette, que sí lo es, como su buena madre, no acepta el no poder verla más… aquí.

Tras esta humana posición de las cosas, Jacques Doillon desarrollará de modo principal la tesis de Ponette, frente a las razones de su padre y de otras personas mayores, aunque todas la ayuden y algunas enriquezcan su fe con admirable catequesis. Pero Ponette es una niña, con esa fe de los niños y de los que se hacen tales, que -según el Evangelio- abre la puerta de los Cielos, y mueve las montañas…

Doillon desarrolla la historia hilvanando sucesos cotidianos, mínimos, a veces en sostenidas y largas secuencias admirablemente resueltas: los momentos previos al entierro, la estancia de Ponette en casa de su tía, las conversaciones con ella, con el padre, los juegos, su soledad buscada, el colegio, los primos y amigas… La historia es sobre todo la del alma de Ponette en su decidido deseo de ver otra vez a su madre, empeño que llega a hacerse imperiosa petición a Dios, urgente, ansiosa petición que no puede Dios dejar de realizar, pues es Todopoderoso. Ésta es la tesis de Ponette.

Relato distanciado, escueto, honrado, sin recurso al sentimentalismo, ni a una música de expresión efectista, ni a lirismos fáciles, sino a la claridad luminosa de un paisaje alegre, al colorismo propio de los vestidos de los niños, al humor; su eficacia reside en un sincero y hondo tratamiento de la psicología y la espiritualidad infantiles.

El lenguaje fílmico marca la diferencia entre la mirada de los niños y el mundo de los mayores, y lo hace presentando éste con perspectivas amplias, dominadoras; la cámara encuadra a los niños, en cambio, muy de cerca, su campo se reduce al limitado ámbito de visión de un niño y a su estatura; su mundo interior -por medio de sus ojos, sus voces, sus gestos, sus palabras- queda desmesuradamente abierto a toda su riqueza.

Los cuatro niños protagonistas se comportan como niños; pero Victoire Thivisol además es y se comporta como esa maravillosa Ponette que quiso conseguir lo que pedía. Por eso ganó la Colpa Volpi a la mejor actriz en el Festival de Venecia 1996, donde la película también recibió el Premio Internacional de la Crítica.

Pedro Antonio Urbina

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