Ni uno menos

TÍTULO ORIGINAL Yi ge dou bu neng shao / Not One Less

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Director: Zhang Yimou. Guión: Shi Xiangsheng. Intérpretes: Wei Minzhi, Zhang Huike, Tian Zhenda, Gao Enman, Sun Zhimei, Feng Yyuying, Li Fanafan. 95 min. Todos.

Dice Zhang Yimou (Xian, China, 1950) que muchos de los parientes de su madre eran maestros rurales, y que cada vez que pasaba por delante de una escuela le entraba la tentación de pararse y otear por la ventana a los alumnos en plena clase. Pues eso, y no otra cosa, es lo que ha hecho en esta bellísima película, ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia 1999.

Cuenta cómo el profesor Gao, maestro rural de una escuela primaria en Shiquan, tiene que ausentarse un mes, para atender a su madre enferma. El alcalde consigue una sustituta, Wei, de tan sólo 13 años. El profesor Gao, después de sondearla, la ve demasiado inexperta para la lidia con el alumnaje; pero debe aceptarla porque no hay nadie que pueda o quiera hacerse cargo de la escuela. Para motivar a la joven maestra, le dice que le pagará 10 yuan extras si logra que a su vuelta los 28 alumnos -ni uno menos- sigan asistiendo a clase.

La niña Wei, que hace de maestra, es tan real que por no cambiar no ha cambiado ni el nombre. La opción de Yimou de trabajar con actores no profesionales -que son en la realidad lo que son en el guión- reviste la película de un verismo deliberadamente reiterativo y hasta terco, subrayado por la voluntad de no maquillar la realidad social de la China de hoy. Sorprende que Yimou no haya tenido problemas con la censura gubernamental, porque la imagen de la vida rural y urbana que aparece en la pantalla es bastante deprimente. En Ni uno menos pueden encontrarse similitudes con la narrativa del iraní Kiarostami, por la que Yimou ha manifiestado aprecio. El uso de la cámara oculta, una planificación depurada y un montaje que huye del artificio para retratar lo cotidiano acaban por interesar al espectador, que más allá de la trama puede percibir numerosas pistas para entender el día a día de un país atrapado por su pasado. En este sentido, la peripecia urbana -el rescate de un alumno por parte de la maestra-, filmada con cámara oculta, nos trae un pedazo de la realidad china de enorme fuerza documental.

De seguro, los profesionales de la docencia quedarán subyugados por la delicada belleza de esta película, que encierra uno de los homenajes más inteligentes jamás realizados al valor de la ejemplaridad y la tenacidad de los maestros rurales. Yimou es un excepcional narrador -la secuencia final de la pizarra está al alcance de muy pocos-, un profesional que comparte mirada con Ford, Flaherty, Murnau y Rossellini para contar la vida normal de las personas normales. Cine universalmente comprensible, de emoción auténtica. Una película levantada con toneladas de sencillez y una ciencia cinematográfica sobrecogedora.

Alberto Fijo