Lutero

TÍTULO ORIGINAL Luther

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Director: Eric Till. Guionistas: Camille Thomasson, Bart Gavigan. Intérpretes: Joseph Fiennes, Alfred Molina, Bruno Ganz, Peter Ustinov, Claire Cox. 121 min. Jóvenes-adultos.

Superproducción alemana (21 millones de euros) en lengua inglesa. Dirige un inglés de 76 años, veterano realizador de TV afincado en Canadá, que ya estuvo al frente de una película sobre el pastor evangélico Bonhoeffeer, ahorcado por los nazis en 1945. Este retrato cinematográfico de Lutero responde plenamente a la percepción del personaje y de su obra que tienen sus seguidores, hasta el punto de que la película se puede ver como una suerte de “biopic” oficial. Thrivent Financial for Lutherans, una entidad estadounidense creada para ayudar a las iglesias y familias luteranas, ha aportado la mitad del presupuesto.

Por su parte, la Iglesia evangélica alemana ha contribuido decididamente a la distribución de la cinta, que se ha podido ver en 200 salas, con 2,5 millones de espectadores alemanes, que dejaron en taquilla cerca de 20 millones de euros. La cinta cuenta con un cuidado diseño de producción, excelente fotografía y un hábil montaje al que cabe reprochar una disposición de conflictos y detonantes que dan lugar a escenas muy breves y escasamente hiladas, características del lenguaje de la ficción dramática televisiva.

En la parcela interpretativa, el papel de Lutero se ha encomendado al inglés Joseph Fiennes, un actor con escaso parecido físico con el monje alemán si tenemos en cuenta los retratos de Cranach y Holbein el Joven. El carácter tumultuoso y apasionado de Lutero, sus escrúpulos, su agilidad verbal, su mal genio y el tono mordaz y ocasionalmente procaz de sus diatribas, aparecen en la película, pero en sordina, de forma que en la vida de Lutero parece existir mucho más equilibrio del que hubo. Ustinov repite sus habituales tics “nerónicos” en una caracterización poco sutil del Príncipe Elector de Sajonia, protector de Lutero. Algo parecido se puede decir de Molina en su interpretación de Tetzel, el predicador de indulgencias, un personaje verdaderamente repulsivo. Ganz encarna con solvencia a Von Staupitz, el superior agustino y director espiritual de Lutero, que le anima a no ver sólo lo negativo y a reparar en lo positivo de una Iglesia siempre necesitada de purificación. El emperador Carlos y el cardenal Aleandro no salen muy bien parados, de forma que un espectador inteligente duda razonablemente de que fuesen así de obtusos. La cosa llega a ser ridícula en la caricatura satírica del Papa León X.

La película no consigue trasladar al espectador la evolución del personaje, los motivos que impulsan su conducta, las causas de una personalidad tremendamente escrupulosa que se aterra ante la cercanía de lo sobrenatural. Entre las omisiones, la que se lleva la palma es la del largo y trascendental debate mantenido por Lutero con el teólogo Johannes Eck, en Leipzig, en junio-julio de 1519. No resulta convincente la explicación del productor de que no querían complicar una película ya compleja de por sí, especialmente para el público no versado en la materia. Se trata de una omisión que daña y mucho la credibilidad de la película, porque en la Disputa de Leipzig quedaron meridianamente claras las consecuencias del pensamiento de Lutero, hijo de sus atormentadas experiencias religiosas personales y de una formación teológica marcadamente occamista. En cualquier caso, una película interesante que invita a profundizar en la vida y el mensaje de Lutero.

Alberto Fijo

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