Legítima defensa

TÍTULO ORIGINAL The Rainmaker

GÉNEROS

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Director y guionista: Francis Ford Coppola. Intérpretes: Matt Damon, Danny DeVito, Claire Danes, Jon Voight, Mary Kay Place, Mickey Rourke, Dean Stockwell. 135 min. Jóvenes.

Rudy, un joven de baja extracción social, acaba de concluir Derecho y no le resulta fácil comenzar el ejercicio profesional como abogado. La oportunidad le llega en un despacho de dudosa fama, donde lleva varios casos con la inestimable ayuda de Deck, un charlatán que acabó sus estudios con años de retraso, y que no ha superado el examen para ejercer en los tribunales.

Enésima adaptación de una novela de John Grisham, pero esta vez con padrino de excepción: Francis Ford Coppola, que firma el guión y dirige. Aunque el material que maneja suene a mil veces visto, su soltura como narrador consigue una película más que aceptable. Por una parte, sabe hacer un retrato atractivo del joven idealista que, como moderno don Quijote, trata de deshacer los entuertos de sus humildes clientes. Le acompaña en sus andanzas un Sancho Panza (genial Danny DeVito), que aporta el contrapunto cómico y del sentido común. No falta la hermosa Dulcinea, una joven maltratada brutalmente por su marido, a la que Rudy representa y de la que se enamora. Ni los gigantes -que al final son, no podía ser de otra manera, simples molinos de viento-, en forma de abogados deshumanizados, representantes de una todavía más deshumanizada compañía de seguros.

Coppola se ha rodeado de un grupo de actores maravilloso. Igual rescata a una actriz de la era dorada de Hollywood, como Teresa Wright, que da un gran papel a Jon Voight, o concede pequeñas partes a Danny Glover, Mickey Rourke… Por no hablar de los ajustados protagonistas. Además, imprime a la película un agilísimo ritmo narrativo. Con su montador, Barry Malkin, consigue que no sobre un fotograma, proporcionando todas las piezas de un rompecabezas que se encuadra en los clásicos dramas judiciales. Y recurre a sus habituales montajes paralelos, muy efectivos. También resuelve bien el único momento violento de la película; puede más el brioso montaje que lo que se ve (o, mejor, lo que no se ve).

Tampoco falta su omnipresente referencia a la familia: se toca en la unión entre el joven enfermo y sus padres, y en la de Rudy con sus clientes o con el fiel Deck; y resalta por contraste un matrimonio desgraciado y esa empresa con una legión de abogados pero sin un ápice de preocupación por el cliente o sus empleados. El poder, otro de sus temas favoritos, resulta no ser tan poderoso como se pensaba. Y es que, en el fondo, grandes o pequeños, todos tenemos los pies de barro.

José María Aresté