Las ratas

Director y guionista: Antonio Giménez-Rico. Intérpretes: Álvaro Monje, José Caride, Juan Jesús Valverde, Francisco Algora, Esperanza Alonso, Joaquín Hinojosa. 97 min. Jóvenes-adultos.

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La Castilla rural, a finales de los 50. Nini, un chaval muy despierto, conocedor de los secretos de la naturaleza pero poco instruido, vive con su padre en una cueva. A lo largo de las cuatro estaciones presenciamos sus correrías como cazadores de ratas de agua, cuya carne, muy apreciada por los vecinos, venden a buen precio. Los intentos del alcalde para desalojarles de su casa -so pretexto de velar por su seguridad, en realidad siguiendo los dictados de una política basada en las apariencias- y la rivalidad de un cazador furtivo, que mata a las ratas por placer, alteran el sencillo discurrir de sus vidas.

Antonio Giménez-Rico es un enamorado de la obra de Miguel Delibes, como demuestran sus adaptaciones de Mi idolatrado hijo Sisí -titulada para el cine Retrato de familia (1976)- y El disputado voto del señor Cayo (1986). Con Las ratas logra un sobrio y sugerente retrato de la vida del campo, al que comienzan a llegar los primeros avances técnicos. Aunque la fotografía es de un especialista como Teo Escamilla, y las imágenes son hermosas, se evita todo preciosismo, para comunicar la austeridad del paisaje castellano. Y hasta se toma la arriesgada decisión de prescindir de partitura musical, de modo que la banda sonora la componen sonidos del campo: el viento, la lluvia, los pasos sobre el follaje, las campanas, el canto de grillos y chicharras… Con este planteamiento encajan muy bien las interpretaciones, de gran naturalidad.

Enmarcado en un pesimismo en que se hace inevitable la tragedia, el director ofrece un cuadro creíble y humano de la vida cotidiana del pueblo, a veces con minuciosidad casi documental. Con ritmo pausado, sin estridencias, se retratan los pequeños y grandes dramas de los personajes: la helada que puede destruir la cosecha, las rogativas para tener lluvia, los remordimientos… Todo se contempla a través de la mirada de Nini, que con su generosidad al ofrecer su ayuda a todo el que la pide, demuestra que existe una sabiduría más grande que la que se adquiere en los libros o en las aulas.

José María Aresté

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