Las cosas que nunca mueren

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Director: Tony Richardson.Intérpretes : Jessica Lange, Tommy Lee Jones, Chris O’Donnell.

Esta película fue la última que dirigió el veterano cineasta británico Tony Richardson (Tom Jones) antes de morir, en 1991. Problemas financieros de su productora han hecho que haya tardado más de tres años en estrenarse. Por su trabajo en este film, Jessica Lange ha ganado el Globo de Oro 1994 a la mejor actriz principal y opta ahora al Oscar en ese mismo apartado.

La actriz norteamericana da vida a Carly, una mujer de carácter frívolo e inestable, que vive obsesionada con el glamour del Hollywood de los años 60. Consigue sobrevivir gracias a los amorosos cuidados de su paciente marido, Hank (Tommy Lee Jones), un honesto militar que trabaja como ingeniero nuclear en pruebas secretas con armamento atómico. Tienen dos hijas adolescentes, que sufren como pueden el permanente y peligroso ensueño de su madre. La situación llega al extremo cuando, mientras su marido está de maniobras, Carly sucumbe a la seducción del coronel de la base donde viven. A su vuelta, Hank tendrá que soportar el escándalo que esto produce mientras se enfrenta a un díficil dilema moral a causa de un trágico accidente nuclear del que ha sido testigo.

Sobre el papel, el guión ofrecía una sugerente combinación de melodrama romántico- familiar e intriga militar, con sus gotas de crítica social. Pero su traducción en imágenes no está plenamente conseguida, sobre todo en lo que se refiere al desarrollo y desenlace de la trama de intriga. Tiene más entidad la historia melodramática, que ofrece un retrato vigoroso del desconcierto vital de Carly y del comprensivo amor de su marido, a la vez que denuncia certeramente los efectos nocivos que causa en los jóvenes la inmadurez moral de los adultos. De todos modos, también esta trama evidencia notables debilidades narrativas y recurre además a un desagradable exhibicionismo sexual. En todo caso, sus aristas dramáticas favorecen al personaje de Jessica Lange, que indudablemente lleva a cabo una interpretación espléndida.

Por su parte, Tony Richardson aporta una puesta en escena suficientemente sólida, con una densa y original resolución visual, sobre todo en las secuencias de las pruebas nucleares, muy bien fotografiadas por Steve Yaconelli. Pero ni esta buena factura técnica ni la calidad de las interpretaciones consiguen subsanar las debilidades y excesos de la historia.

Jerónimo José Martín.

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